
Ing. Luis Fernando Haro Encinas
Director General | Consejo Nacional Agropecuario
En días pasados, la representante de la Oficina Comercial de Estados Unidos (USTR), Katherine Tai, solicitó formalmente el establecimiento de un panel para resolver las diferencias entre México y Estados Unidos sobre productos de biotecnología agrícola, específicamente sobre el maíz genéticamente modificado; primer panel de resolución de controversias establecido en contra de México bajo el amparo del T-MEC. Esta disputa radica en medidas que México ha tomado para restringir la importación y el uso de maíz genéticamente modificado para consumo humano, así como para eliminar gradualmente su uso para consumo animal y humano (industrial).
El desacuerdo entre México y Estados Unidos se debe a la publicación de un decreto en el Diario Oficial de la Federación (DOF), que establece la revocación y abstención del otorgamiento de permisos para el uso del grano de maíz genéticamente modificado destinado a consumo humano en México, que efectivamente prohíbe su importación.
Este Decreto, publicado el pasado 13 de febrero, establece, entre otros puntos, la prohibición del uso de maíz genéticamente modificado para la masa y la tortilla; en cuanto al uso para el forraje y la industria, se elimina la fecha límite para prohibir su uso, quedando sujeto a que exista suficiencia en el abasto.
En la Exposición de Motivos del propio Decreto, señala que el propósito principal de estas medidas es la protección del derecho a la salud y mantener un medio ambiente sano del maíz nativo, de la milpa, de la riqueza biocultural, de las comunidades campesinas y del patrimonio gastronómico, así como garantizar la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad.
La publicación en el DOF no menciona evidencia basada en principios y consensos científicos, o en un análisis de riesgo previamente realizado, que demuestre que el consumo humano del producto sea nocivo para la salud de la población. En ese sentido, el gobierno de Estados Unidos argumenta que la falta de justificación científica para esta medida contradice las disposiciones del T-MEC; en específico del Capítulo 9, que establece que toda medida que implique prohibición o restricción al comercio de mercancías debe estar basada en principios científicos, normas internacionales o evaluaciones robustas respecto al riesgo para la vida y salud de las personas.
Como Consejo Nacional Agropecuario hemos manifestado que el T-MEC establece un mecanismo rápido y eficiente para la solución de controversias y que en este caso sobre el maíz GM, debe de regirse por las bases técnicas y científicas y no por aspectos ideológicos que no cuentan con un sustento.
Se ha argumentado que es por un tema de preservación de la biodiversidad, de la protección de los maíces nativos y de la salud, para lo cual cabe mencionar que en México está prohibida la siembra de maíces genéticamente mejorados y lo que está en controversia es la importación del maíz para consumo y no para siembra; si ese fuera el caso, entonces se pensaría que los maíces híbridos también pudieran causar un problema a los nativos y el punto más importante es que múltiples estudios realizados por varias décadas demuestran que no existe evidencia científica de daño alguno a la salud.
Desde la década de 1980 los científicos empezaron a utilizar la biotecnología, un método de transferencia de genes directamente a una planta, para conferirle atributos deseados, como resistencia a plagas, tolerancia a herbicidas, mejora de la calidad nutricional, resistencia al estrés hídrico y mejora en la productividad, que hoy se conocen como organismos genéticamente modificados o también llamados transgénicos; para mí sería más correcto denominarlos organismos genéticamente mejorados.
Señala la Secretaría de Economía en su comunicado a este respecto, que la defensa de México contará con el respaldo de diversas dependencias del gobierno federal competentes en la materia, tales como SEMARNAT, CONAHCYT y COFEPRIS, que tendrán que demostrar científicamente y de manera inequívoca los alegatos del supuesto daño que los transgénicos causan a la salud y a la supuesta pérdida de la biodiversidad.
Ante el reto del crecimiento poblacional, la política del gobierno de los Estados Unidos es el uso de las tecnologías más avanzadas para enfrentar la seguridad alimentaria. El crecimiento exponencial de la población en nuestra región y en el mundo coloca a la seguridad alimentaria como un tema de seguridad nacional.
El uso de nuevas tecnologías y de la ciencia juegan un papel preponderante para enfrentar los retos de la producción a gran escala, para satisfacer la demanda de alimentos en México y en el mundo.
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