Esta raza de caballos, que data de la conformación del reino español, es considerada como la mejor del mundo por su versatilidad, resistencia y belleza en las artes ecuestres
Por Amado Vázquez Martínez
La elegancia, inteligencia y resistencia son algunas cualidades que han hecho del caballo español una raza emblemática en la historia ecuestre mundial… Surgido de una mezcla de razas ibéricas, árabes y europeas bajo la dirección del rey Felipe II, se desarrolló un caballo dócil, majestuoso, con andar suave y distinguido para acompañar a reyes y tropas en la península ibérica, caballo que ha evolucionado tanto en México, que nuestro país es actualmente el mejor criador del mundo de esta raza.
Para conocer las bondades de esta hermosa raza, platicamos con Jesús Alfonso Araujo Ramírez, médico veterinario y zootecnista especializado en equinos, con 39 años de experiencia. «Me desenvolví en varias áreas de los equinos como médico veterinario clínico, curando, operando y realizando múltiples actividades», comenta.
Desde sus inicios en caballos pura sangre en el hipódromo de Tijuana, pasando por caballos charros y aztecas, su trayectoria lo llevó en 2002 a colaborar con la Asociación Mexicana de Caballos Españoles y, más tarde, con la asociación madre en España. «He sido delegado médico veterinario y jefe de pista en concursos nacionales e internacionales, llevando también la locución de estos eventos», añade.
«Conjuntamente con esta actividad, fui jefe de pista en los concursos, tanto regionales como nacionales, y a la vez llevo a cabo la locución en eventos ecuestres y soy jefe de pista, además de llevar la conducción de los concursos» explica.
«La gente me tomó confianza y empezaron las ganaderías o las presentaciones en diferentes ferias y eventos a nivel nacional, como la Feria de San Marcos, la feria de todos los años en Bolivia, en Monterrey, pues ya me llaman para narrar las presentaciones de alta escuela, pero mi mayor conocimiento es en caballos españoles», dice Araujo Ramírez.
LA HISTORIA
El caballo español, tal como lo conocemos, surgió de una mezcla de razas ibéricas, árabes y europeas, ya que desde tiempos antiguos, caballos centroeuropeos y de la península ibérica ya poblaban España, pues las invasiones romanas y, posteriormente, árabes, influyeron en la evolución de esta raza.
Los árabes, que dominaron España ocho siglos, introdujeron caballos resistentes, acostumbrados al desierto y capaces de soportar largas jornadas con poca agua, características que enriquecieron el linaje del caballo español.
El Reino de España comenzó a consolidarse en 1479, cuando Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, conocidos como los Reyes Católicos, unieron sus coronas mediante su matrimonio en 1469; sin embargo, fue en 1492, con la conquista de Granada y el descubrimiento de América, cuando se considera que se inició formalmente el Imperio Español.
En 1567, el Rey Felipe II de España impulsó un ambicioso proyecto para perfeccionar la raza de caballos españoles, estableciendo las Caballerizas Reales en Córdoba, esfuerzo que incluyó la selección de los mejores ejemplares de razas ibéricas, árabes y europeas, priorizando características como elegancia, agilidad y resistencia, mezcla de líneas genéticas que dio origen al caballo de pura raza española.
El rey Felipe II desempeñó un papel clave en la consolidación del caballo español al promover la selección de los mejores ejemplares para obtener una raza elegante, ágil y de movimientos suaves.
El proyecto buscaba crear un caballo ideal para nobles y caballeros, adaptado tanto para la guerra como para el desfile y su contribución también incluyó el desarrollo de la equitación y técnicas avanzadas de manejo del animal, como el control de la rienda con precisión.
Desde el reinado de Felipe II, se establecieron los primeros registros genealógicos de la raza, documentos históricos, escritos a mano, que detallan los sementales y líneas originales. Aunque no se clasificaban las razas por porcentajes de sangre como se hace hoy en día, la selección de ejemplares privilegiaba cualidades como la inteligencia, la nobleza y una apariencia bien cuidada.

EL REGISTRO
La introducción de caballos bereberes durante las invasiones árabes dejó una marca significativa en el desarrollo de esta raza, ya que se cree que estos ejemplares, resistentes y versátiles, aportaron características esenciales al caballo español, integrando fuerza y adaptabilidad, a lo que se sumaron las influencias genéticas de caballos europeos como los frisones.
En 1921, el Ministerio de Agricultura español estableció formalmente el libro genealógico moderno del caballo español, basado en líneas genéticas ancestrales como los cartujanos y varosos, esfuerzo que continuó perfeccionando la raza, reafirmando su lugar como una de las más icónicas y valoradas del mundo ecuestre.
La evolución de la raza de caballos españoles no se centró en España, sino en el resto del mundo, ya que, por ejemplo, los caballos que llegaron con Hernán Cortés eran criollos ibéricos, utilizados tanto en el campo como para labores militares.
A pesar de no ser de la raza española moderna, estos ejemplares impactaron profundamente en las culturas indígenas, quienes desconocían la existencia de los equinos y desde entonces, el caballo criollo se adaptó y proliferó en América, marcando el inicio de una rica tradición ecuestre.
Para preservar la pureza del caballo español, la Asociación Nacional de Criadores de Caballos de Pura Raza Española (ANCCE) establece estrictos lineamientos para el registro genealógico:
Cada ejemplar debe ser hijo de padres registrados, someterse a pruebas genéticas y portar un microchip que confirme su autenticidad, medidas que aseguran la calidad y confiabilidad de la raza como una de las más exclusivas del mundo.
«ANCCE es la asociación matriz del caballo de Pura Raza Española (PRE) a nivel mundial y la única reconocida oficialmente por el Ministerio de Agricultura español para gestionar el Libro Genealógico y garantizar la pureza de esta milenaria raza», dice la página oficial.
«El papel que juega en la defensa del PRE es esencial desde que se constituyó en 1972, con carácter nacional desde sus inicios y con sede en Sevilla. Actualmente, la conforman 704 ganaderos de todo el mundo, 276 socios simpatizantes, y 33 asociaciones como las de Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Australia, Francia, Italia, México, Nicaragua, Guatemala, Holanda, República Checa, Suecia, etc.».
«En su afán de promoción y defensa de la especie lideró en 1991 la iniciativa de montar un salón internacional con el caballo de Pura Raza Española como epicentro. Esta idea, surgida en plena crisis de la peste equina, dio lugar al Salón Internacional del Caballo (SICAB), que con 30 ediciones, se ha convertido en el evento de referencia del caballo de PRE a nivel nacional e internacional», precisa el organismo.
EVOLUCIÓN MEXICANA
En México, figuras como Federico Jiménez y Lalo Morales fueron los primeros en importar caballos de pura raza española con registro oficial, marcando el inicio de una industria pujante.
En la actualidad, se calcula que existen en México más de 150 ganaderías registradas, generando un promedio anual de mil 200 registros, lo que posiciona al país como líder en calidad genética de estos ejemplares.
El caballo español, reconocido por su elegancia y nobleza, ha sido utilizado en diversas cruzas, dando lugar a razas híbridas como el Warlander (mezcla con caballo frisón) y el iberoamericano (cruza con costarricense de paso).
Incluso se han explorado mezclas con caballos colombianos de paso fino y mulas, logrando animales altamente obedientes y con pasos elegantes, ideales para bailes regionales y cabalgatas.
El entrevistado afirma que «México ha alcanzado niveles de calidad que superan incluso a los de España, gracias a recursos económicos y genéticas mejoradas, especialmente en estados como Jalisco. Esto refleja el compromiso de ganaderos mexicanos de continuar perfeccionando esta noble raza, adaptándola a las demandas locales y globales».
PIEL Y CONFORMACIÓN
Con respecto a las características que deben de tener los ejemplares puros, apunta que el caballo español debe ser curvilíneo, con ondulaciones regulares visibles desde el perfil, con una cabeza que presente un perfil subconvexo y el cuello, arqueado hacia el frente, debe ser cóncavo por debajo y convexo por arriba.
La postura general, junto a una implantación firme de la cola, define su elegancia; además, los miembros delanteros deben ser perpendiculares al piso y los traseros ligeramente remetidos, cumpliendo con los estándares de aplomo.
Los colores tradicionales del caballo español incluyen el tordo, castaño, capa negra y alazán. Modernamente se han aceptado capas diluidas como el cremelo, perlino, isabelino o palomino y bayo, siempre bajo prueba genética para validar la autenticidad de los genes.
Por ser una raza destinada a exhibición y no a resistencia, requiere atención especial, ya que los cascos deben mantenerse con recortes mensuales y tratamientos ortopédicos para evitar defectos de aplomo; además, su alimentación se basa en el 2% de su peso diario, donde el 1% debe ser forraje verde como alfalfa o pasto, complementado con concentrados de calidad alta.
La influenza y el garrotillo son las principales afecciones que afectan al caballo español, pero también pueden presentar problemas como cólicos y, más raramente, incarceración del mesenterio en la bolsa testicular, lo cual requiere atención médica inmediata.

