Los graves desafíos que enfrentan los productores de trigo en México, como la falta de agua, precios bajos, y la ineficaz política pública, que pueden derivar en una mayor dependencia de las importaciones y pérdidas millonarias para el sector agrícola.

Ing. Juan Gerardo Gándara González

Productor de trigo y presidente de la Federación Estatal de Propietarios Rurales de Sonora y de la Asociación de Propietarios Rurales del Valle del Yaqui y Srio. Técnico de la Comisión del Agua en el Congreso de Sonora

En las pasadas ediciones hemos mencionado la gran problemática de la producción de los granos básicos en México y especialmente de trigo, ante lo cual los productores enfrentan los peores factores de las últimas décadas, lo que fatalmente puede traducirse en importaciones cada vez mayores si no se toman las medidas adecuadas para el sector agrícola.

La problemática que incide directamente sobre quienes están dedicados a la producción de cereales, son, principalmente, la escasez de agua debido a la falta de lluvias, factores climatológicos derivados del cambio climático y control total de algunos módulos de riego en el país ante la ausencia de seguridad.

Además, quienes nos dedicamos a producir granos enfrentamos una comercialización obsoleta y, por si fuera poco, de precios muy bajos al productor debido a la existencia de acaparadores y la ausencia de políticas públicas que integren al gobierno, productores e industrializadores, a todo lo cual se suma la importación indiscriminada de cereales de baja calidad, muchas veces sin control fitosanitario, procedentes de países que subsidian la producción agrícola.  

Para tener una idea cabal del problema de precios, basta mencionar que el trigo cristalino tenía un precio de 270 dólares por tonelada, pero ahora, con la escasez nacional, los compradores lo tendrán que importar a un precio de 380 dólares por tonelada.

Los problemas se agravan también por otro factor: Los elevados costos de producción por tonelada debido al alza en el precio de los insumos como fertilizantes y semillas, aunado a la carencia de interés federal por lograr la soberanía agroalimentaria.  

Otro punto cada vez más preocupante es la falta de asociacionismo entre quienes conforman la cadena productiva, pues prevalece la falta de unidad y empatía entre organismos del sector primario al no hacer valer sus derechos o, en algunos casos, demostrando complicidad con quienes afectan a sus agremiados. 

Obviamente no es general, pero son públicos algunos casos que ocurren en el país en los cuales los líderes han estado ausentes en diversas manifestaciones de productores para exigir los derechos del sector, pues no es lo mismo ser presidente de un organismo que ser el líder.

La división y falta de unidad entre organismos y productores del sector primario es una bomba en estos tiempos tan complicados ante la indolencia oficial, pues, por ejemplo, Sonora, como principal productor de trigo del país, generaba un 1.6 millones de toneladas en 250 mil hectáreas.

Pero del ciclo otoño/invierno, solo se obtendrán 200 mil toneladas de trigo cristalino en 30 mil hectáreas, si es que nos va bien; en tanto que el consumo interno es de 600 mil toneladas, por lo que se tendrá la necesidad de importar, por primera vez en décadas, alrededor de 500 mil toneladas para elaboración de pastas, galletas, cerveza y alimento para el sector pecuario que se traducen en producción de cerdo, huevo, pollo, carne, leche y derivados, entre otros productos de la canasta básica, situación que es igual de complicada para los productores de maíz y sorgo.  

Al margen de la fluctuación de precios de los granos y los graves problemas que padece el sector para producirlos, un factor que ya es una grave amenaza para los productores lo representa la escasez de agua, que ha llegado a una situación histórica muy crítica y sin precedentes. 

El almacenamiento de las presas en Sonora es de apenas el 14%, mientras las de Sinaloa llegan al 12%, lo que ha motivado que algunos cultivos en desarrollo fueran abandonados o que lleguen a su etapa final con mermas de producción y calidad debido a la falta del vital líquido, causando millonarias pérdidas y quebrantos a nuestros productores.

Los agricultores, año con año, fieles a su vocación y modo de vida, arriesgan su cosecha y su patrimonio, que dejan a la buena de Dios para que no nos falten los granos a los mexicanos, trabajo que es desgraciadamente poco valorado, empezando por los entes oficiales. 

En cuanto al problema del agua, el Gobierno Federal tiene intenciones de apoyar con el 50% del costo de sistemas de goteo presurizados para el ahorro de hasta un 50%, lo que parecería  favorable para el campesino, pero el problema consiste en que el productor caería en un despojo disfrazado de apoyo porque tendría que pagar el 100% del agua, un espejismos que muchos agricultores no permitirán y como colofón, traigo a la memoria la frase del Dr. Norman E. Borlaug, Premio Nobel de la Paz 1970: «No puedes crear un mundo pacífico con estómagos vacíos y miseria humana».

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