La nueva generación detrás de una empresa jaliscience que busca preservar el sabor tradicional mientras abre camino a la innovación, la sostenibilidad y el emprendimiento
Historia de éxito
Por Amado Vázquez Martínez / Tierra Fértil
Hay empresas que nacen como negocios… otras nacen como apuestas familiares… pero unas cuantas terminan convirtiéndose en parte de la memoria colectiva de una ciudad y que trascienden como parte de su idiosincrasia, pero que, además, impulsan al campo por su gran demanda.
Pollo Pepe pertenece a esa última categoría.
Durante décadas, miles de familias tapatías crecieron identificando el aroma del pollo asado que salía de sus sucursales, era una imagen sencilla pero potente: carbón encendido, piezas de pollo dorándose lentamente y clientes esperando el turno para llevar la comida a casa.
Pero detrás de esa escena cotidiana ocurría algo más profundo: Una familia construía una marca… Y ahora una nueva generación intenta llevarla todavía más lejos.
EL PRINCIPIO DEL ÉXITO…
José Francisco Hernández, actual codirector general de Grupo Pepe Restaurantes, forma parte de esa segunda generación que tomó la estafeta del negocio iniciado por sus padres en 1979. Hoy comparte la dirección con su hermano Israel y juntos encabezan una etapa donde el objetivo ya no es únicamente conservar lo logrado: quieren transformarlo y hacerlo trascender.
«Nuestros padres iniciaron la empresa y ahora buscamos robustecerla para acelerar el crecimiento», explica el empresario.
No es una tarea menor: Hablar de Grupo Pepe significa hablar de alrededor de 200 sucursales, cuatro conceptos comerciales y una meta ambiciosa: alcanzar 400 unidades en la próxima década.
Pero más allá de los números aparece una historia que habla de relevo generacional porque el reto de los empresarios jóvenes ya no consiste solamente en vender.
Ahora deben innovar, digitalizar, cuidar el ambiente, formar talento y competir contra gigantes internacionales.
LOS HIJOS DEL CRECIMIENTO EMPRESARIAL
México vive un momento peculiar: Muchas empresas familiares creadas entre las décadas de 1970 y 1990 atraviesan el relevo entre fundadores y herederos.
Algunas desaparecen; otras sobreviven y unas pocas consiguen evolucionar. José pertenece precisamente a esa generación que recibió negocios ya consolidados, pero que debe responder preguntas nuevas.
- ¿Cómo atraer consumidores jóvenes?
- ¿Cómo competir con franquicias globales?
- ¿Cómo conservar identidad regional mientras se crece?
- ¿Cómo transformar una empresa tradicional sin perder el alma?
La respuesta de Grupo Pepe ha sido apostar por innovación.
Su marca principal es Pollo Pepe, pero alrededor crecieron otros conceptos: Pollo Bronco, dirigido a mercados populares; una línea de pizzas integrada a algunas sucursales y Barbacos, enfocada en tacos de barbacoa estilo Jalisco, una de las unidades con mayor expansión reciente.
La estrategia parece sencilla: Diversificar… pero detrás existe una lectura más profunda. Las nuevas generaciones ya no consumen igual.
«SI ALGUIEN TIENE UNA IDEA, QUE NO LE TENGA MIEDO; QUE BUSQUE APOYO Y SE RODEE DE PERSONAS QUE SEPAN MÁS».
Francisco Hernández, codirector general de Grupo Pepe Restaurantes.
EL CONSUMIDOR CAMBIÓ… Y EL POLLO TAMBIÉN
José reconoce algo que pocos empresarios dicen abiertamente: el pollo asado tradicional ya no seduce igual a todos.
Las generaciones jóvenes crecieron con aplicaciones, entregas inmediatas y alimentos diseñados para consumirse rápido.
Muchos prefieren productos prácticos, menos ceremoniales, más visuales y por eso comenzaron a aparecer nuevas recetas: versiones barbecue, sabores búfalo, aderezos, tiras empanizadas.
Y una colaboración que llamó la atención del mercado: el pollo al Tajín, resultado de unir dos marcas nacidas en Jalisco porque no era solamente lanzar un producto: Era enviar un mensaje de tradición e innovación podían convivir… el pollo es pollo, pero la experiencia cambiaba.
DEL CARBÓN A LAS PANTALLAS DIGITALES
La transformación llegó incluso a las sucursales; atrás quedó la imagen exclusiva del mostrador tradicional y hoy algunas unidades incorporan pantallas electrónicas, menús digitales y kioscos de autoservicio, donde el cliente ordena como ocurre en cadenas internacionales.
La escena resulta simbólica. Una empresa nacida hace casi medio siglo convive ahora con herramientas que hace veinte años parecían futuristas y justamente ahí aparece el sello de los nuevos empresarios: No destruir el legado sino actualizarlo.
José y otros jóvenes líderes empresariales del estado representan una generación distinta: crecieron viendo funcionar negocios familiares, pero entendieron que el futuro exige innovación permanente.
Son empresarios que hablan de digitalización, experiencia del cliente, sostenibilidad y expansión nacional, pues ya no piensan únicamente en vender más… piensan en construir marcas duraderas.
UNA CADENA QUE TAMBIÉN DEPENDE DEL CAMPO…
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