EL ENCANTO SERRANO DE UN GRANO ESCASO QUE NACE ENTRE NEBLINA, BOSQUE DE MAPLE Y AROMA A CARAMELO

Por Amado Vázquez Martínez / Tierra Fértil

Talpa de Allende suele asociarse con peregrinos, bosques y montañas envueltas en neblina. Pero detrás de esa postal existe otra historia que empieza a cruzar fronteras: la de un café jalisciense de producción limitada que ya despierta interés entre compradores asiáticos.

Francisco Javier Santiago Bernal, integrante de la familia productora de Café Real La Cuesta, relata que el atractivo del grano talpense no está en los grandes volúmenes, sino en el sabor que le imprime la sierra. Su familia suma ya cinco generaciones dedicadas a la cafeticultura en la comunidad de La Cuesta, dentro del municipio de Talpa de Allende.

«Nuestro café tiene muy buena calidad; estamos entre los 900 y 1,400 metros sobre el nivel del mar. No producimos grandes cantidades como otros estados, pero sí un café muy especial», comenta el productor.

Francisco explica que el secreto nace del paisaje. La comunidad cafetalera se encuentra en una franja donde convergen la humedad de la Sierra Madre Occidental y los vientos templados que ascienden desde la costa de Tomatlán. A ello se suma una rareza natural: la presencia cercana de un pequeño bosque de maple, condición que ayuda a formar un microclima excepcional para el cultivo.

CAFÉ AFRUTADO DE LA SIERRA

Ese entorno produce cafés arábigos con notas afrutadas, tonos a caramelo y perfiles dulces que ya han llamado la atención fuera del país.

De hecho, el cafeticultor recuerda que hace algunos años sostuvieron acercamientos con empresarios asiáticos interesados en adquirir parte de la producción. El entusiasmo existía, pero apareció una limitante: el volumen disponible era reducido.

EL CAFÉ orgánico chiapaneco ha tenido un importante auge en el extranjero.

«NUESTRO CAFÉ TIENE MUY BUENA CALIDAD; ESTAMOS ENTRE LOS 900 Y 1,400 METROS SOBRE EL NIVEL DEL MAR. NO PRODUCIMOS GRANDES CANTIDADES COMO OTROS ESTADOS, PERO SÍ UN CAFÉ MUY ESPECIAL»

FRANCISCO JAVIER SANTIAGO BERNAL, CAFETICULTOR DE TALPA, JALISCO

Las lluvias adelantadas provocaron caída de cereza madura y redujeron la cosecha, pues donde normalmente podían alcanzar entre 20 y 30 toneladas procesadas, esta temporada cerraron con alrededor de 18 toneladas, una disminución atribuida al comportamiento irregular del temporal.

«Las lluvias nos tiraron parte de la cereza madura; cuando cae al piso ya no se recolecta», explica Francisco, mientras describe una cosecha que terminó dejando menos café, aunque conservó la calidad que distingue a la región.

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