El presidente y director de Bayer México y líder de la División Agrícola para Latinoamérica Norte, habla de la innovación mexicana en híbridos detrás de VITALA® para una agricultura más sustentable
Por Amado Vázquez Martínez / Tierra Fértil
Frente a una línea de sembradoras y mazorcas perfectamente clasificadas, además de hectáreas repletas de maíces híbridos, Manuel José Bravo Pereyra habla con la serenidad de quien dirige una de las empresas más grandes del planeta y, al mismo tiempo, con la emoción de un agrónomo que conoce el valor de una semilla.
En el corazón de Tlajomulco de Zúñiga, la planta de investigación de Bayer cumple 40 años como epicentro mundial de la genética del maíz desde donde nacieron los híbridos que alimentan al mundo, con el sistema inteligente VITALA® de maíz concebido y desarrollado por científicos mexicanos.
El sitio, inaugurado en 1985, es hoy un laboratorio vivo donde ciencia, biotecnología y agricultura digital se entrelazan, ya que desde sus 150 hectáreas de ensayos se envían semillas y material genético a más de 30 países, un flujo que conecta a México con los principales centros agrícolas del planeta.
«Lo que comenzó como un esfuerzo local por adaptar híbridos a las condiciones del centro del país –explica Bravo– se ha convertido en un círculo virtuoso de conocimiento e innovación que ahora impulsa la agricultura global», dice en charla con Tierra Fértil entre surcos y milpas.
GÉNESIS DEL MAÍZ
Cuando se habla de Tlajomulco, se habla de origen: De las líneas parentales que aquí se cruzan depende 90 a 95% de los maíces híbridos del mundo, una cifra que resume cuatro décadas de investigación genética y de transferencia de conocimiento.
El presidente y director General de Bayer México, además de ser el líder de la División Agrícola para Latinoamérica Norte de Bayer, recuerda que «hace cuarenta años esto era un centro pequeño, con investigadores buscando híbridos que se comportaran bien en el centro del país y hoy, casi todas las líneas de los parentales del mundo pasan por este sitio».
El directivo detalla que esa evolución responde a un proceso continuo de innovación: «El conocimiento de punta genera innovación, y la innovación genera más conocimiento. Ese círculo virtuoso es lo que nos ha llevado a diseñar un maíz de porte bajo, más resistente al viento, más eficiente en el uso del agua y más productivo, resultado de combinar ciencia, datos y agricultura digital».
El Centro de Investigación de Tlajomulco procesa más de 1.2 millones de muestras de semilla cada año, envía material genético a 32 países y atiende a cientos de investigadores, productores y periodistas interesados en conocer su modelo de innovación.
Para Bayer, Jalisco es el corazón de su operación agrícola: aquí no solo se conservan recursos genéticos, también se gestan las soluciones que darán forma a la agricultura de las próximas décadas.

Tlajomulco es el único sitio en el mundo donde se crean entre el 90 y 95% de los parentales del maíz global, lo que convierte a Jalisco en la cuna genética del maíz moderno: Manuel Bravo/Bayer
RAÍCES MEXICANAS
Nos cuenta que desde Tlajomulco, Bayer ha construido un ecosistema de innovación que trasciende la agricultura. La compañía invierte en México más de 200 millones de pesos anuales en conservación genética, viveros de investigación y procesamiento de semilla, con un equipo de 130 empleados permanentes y 450 colaboradores temporales durante las temporadas de cultivo.
«Bayer no solo siembra ciencia; también siembra empleo y conocimiento», afirma Manuel Bravo, quien además preside el Consejo de Empresas Globales en México. «Nuestra responsabilidad es doble: generar valor económico y transformar la manera en que producimos alimentos».
El modelo corporativo de Bayer descansa en tres divisiones: farmacéutica, salud del consumidor y agrícola, esta última la más robusta. «En agricultura somos líderes en semillas, fungicidas y herbicidas; invertimos entre 12 y 13% de nuestras ventas en investigación y desarrollo. Eso equivale, a nivel mundial, a dos mil 500 millones de euros por año, que financian proyectos contra el cambio climático, la erosión del suelo y la escasez de agua», puntualiza.
DE JALISCO AL MUNDO
El orgullo de la casa se llama VITALA®, un sistema inteligente de producción de maíz desarrollado por científicos mexicanos y adoptado globalmente bajo la marca Preceon® Smart Corn System…
Con un híbrido de baja estatura –hasta un metro menor que los convencionales– posee tallos robustos, raíces profundas y una arquitectura que permite incrementar la densidad de siembra 30%, resistir vientos de hasta 50 km/h y reducir casi a cero el acame.
Además, la planta ofrece mayor tolerancia al estrés hídrico y eficiencia en el uso de recursos. Su éxito se complementa con la plataforma digital FieldView®, que permite al agricultor monitorear humedad, fertilización y rendimiento desde el celular: «El campo mexicano le está hablando al mundo en el idioma de la ciencia digital», resume Bravo.
Lo que comenzó en Sinaloa en 2020, con apenas mil hectáreas experimentales, hoy se cultiva también en Querétaro, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, San Luis Potosí y Chihuahua, y ha cruzado fronteras hacia Estados Unidos, Europa, Asia y África.
En cada región, VITALA® demuestra que la genética desarrollada en México puede aumentar el rendimiento, reducir la huella de carbono y reforzar la seguridad alimentaria global.
«México tiene el talento y la capacidad para liderar la transformación agrícola del planeta. VITALA® es la prueba de que la innovación hecha aquí puede alimentar al mundo», afirma Bravo.

«México puede producir más, restaurando la naturaleza», resume Manuel Bravo, porque «el maíz del futuro ya se está cultivando aquí».
RETOS DEL CAMPO
El director general de Bayer México reconoce que, pese al potencial productivo del país, la agricultura mexicana enfrenta desafíos estructurales: baja inversión en infraestructura hídrica, escaso acceso a financiamiento y políticas públicas inestables.
«El agua es el gran reto», afirma con convicción: «Existe una diferencia enorme entre la agricultura de temporal y la de riego; invertir en canales, sistemas de aspersión y goteo puede marcar la diferencia en productividad y resiliencia».
Desde la empresa, dice, se promueven soluciones basadas en uso de datos, sensores y algoritmos, que ayudan al agricultor a determinar cuándo regar, cuánto aplicar y cómo aprovechar mejor el agua.
En Tlajomulco, por ejemplo, se han instalado flujómetros y sistemas de riego inteligentes que permiten reducir el consumo anual en más de 40% y operar con energía 100% renovable, asevera.
DESAFÍOS Y TECNOLOGÍA
Manuel Bravo compara la realidad mexicana con la de otros países: «En Estados Unidos, entre 85 y 90% de los productores tienen acceso a crédito con tasas competitivas, pero en México, quizá no llegue al 5%, lo que limita la tecnificación y la productividad».
Bayer, junto con FIRA y la banca privada, impulsa mecanismos de financiamiento y seguros agrícolas paramétricos, que permiten operar electrónicamente con imágenes satelitales y datos de campo, nos explica para luego citar que la meta es que los pequeños productores puedan asegurar sus cosechas sin depender de visitas presenciales o trámites costosos.
«La tecnología puede cerrar la brecha del crédito rural –explica–; cuando los datos son confiables, las aseguradoras entran al juego. Eso cambia todo».
Otro de los desafíos es el extensionismo, casi desaparecido en las zonas rurales: «El 85% de nuestros productores son pequeños y de difícil acceso; por eso usamos la tecnología de los celulares para hacerles llegar información sobre enfermedades o cambios climáticos en su terreno y con datos cruzados de antenas y sensores, podemos alertarlos sin que el agrónomo tenga que desplazarse», señala.
Bayer lanzó la plataforma FieldView®, que integra imágenes satelitales y modelos predictivos para que el agricultor sepa cuánto sembró, cuánto debería fertilizar y cuánto va a cosechar, una herramienta que también facilita la agricultura por contrato y el aseguramiento productivo.

CIENCIA Y REGULACIÓN
Al abordar el tema del glifosato, Bravo responde con precisión técnica y sin evasivas: «El glifosato es la molécula agrícola más estudiada en la historia y las principales autoridades del mundo –EPA, FDA, FAO, Canadá y Europa– coinciden en que no es cancerígena si se usa conforme a la etiqueta».
Aun así, reconoce que el futuro exige nuevas alternativas: «Invertimos cinco mil millones de euros en desarrollar moléculas que complementen o sustituyan al glifosato. Ya hay dos en proceso de aprobación, bajo los mismos criterios de sustentabilidad y seguridad».
Su postura es clara: la ciencia no se cancela con decretos; se actualiza con evidencia y hacia ese camino transita a nivel global al demostrar con cifras y datos técnicos la viabilidad de insumos agrícolas.
FUTURO DE BAYER
Bravo descarta cualquier posibilidad de retiro o reducción de operaciones: «Hace dos meses anunciamos tres mil millones de pesos en inversión para los próximos cinco años, en nuestras divisiones farmacéutica, de consumo y agrícola, además duplicamos la capacidad en Tlaxcala, y Tlajomulco crece cada año en investigación e innovación poque llevamos cien años en México y vamos por otros cien más».
Para el directivo, Tlajomulco es el único sitio en el mundo donde pasan entre 90 y 95% de los parentales del maíz global, lo que convierte a Jalisco en la cuna genética del maíz moderno.
En el corazón agrícola de Jalisco, Tlajomulco es mucho más que un laboratorio: es el punto de partida de un maíz que crece con raíces mexicanas y tecnología global. Bayer ha convertido la genética y la sustentabilidad en una misma ciencia, capaz de resistir vientos, sequías y desconfianzas.

