
Por Andrés Canales Leaño | Director General
Las recientes manifestaciones de los productores de maíz son un llamado de justicia y una señal de alarma sobre el abandono que sufre el campo mexicano: El problema no es solo presupuestal, sino que es el resultado de haber sustituido una política de fomento productivo por programas asistencialistas que ideologizan la agricultura y desmotivan a los 27 millones de personas que habitan en zonas rurales.
Desde el sexenio anterior se eliminaron programas, instituciones y presupuestos con la promesa de hacer más eficiente al sector; sin embargo, la realidad muestra lo contrario: el campo está más rezagado que nunca porque los productores enfrentan hoy la ausencia de políticas públicas que protejan el precio del maíz, mientras el sector pecuario sufre la suspensión de exportaciones por la reaparición del Gusano Barrenador del Ganado, consecuencia directa de la reducción al presupuesto del SENASICA, organismo que antes garantizaba la sanidad y gracias a ello se exportaban más de 1.5 millones de cabezas de ganado al año a Estados Unidos.
La producción de leche y carne también atraviesan una grave crisis: La importación indiscriminada de leche en polvo y quesos equivale casi a toda la producción nacional anual de leche fluida, mientras los cortes de carne de Sudamérica y Estados Unidos inundan el mercado. Todo ello ocurre ante la ausencia de programas federales vigentes de fomento ganadero, lo que deja a miles de productores en desventaja frente a las naciones competidoras.
El Tratado de Libre Comercio de América del Norte impulsó durante años al agro mexicano y lo hizo competitivo. Pero hoy, con los programas de fomento eliminados, México ha perdido productividad agropecuaria. Si no fuera por las exportaciones de berries, aguacate, tomate, tequila y cerveza, el país estaría en una verdadera crisis alimentaria, pues ya somos el primer importador de maíz del mundo, el segundo de granos y oleaginosas (importamos más de la mitad), así como el segundo importador mundial de leche en polvo del orbe después de China, según datos de USDA
Y como ejemplo de la falta de visión que existe para el campo, cabe recordar que en un sexenio, el presupuesto de la SADER cayó de más de 90 mil millones de pesos a poco más de 70 mil, desapareció la Financiera Rural y se eliminaron más de 27 programas de fomento a la agricultura, ganadería y pesca.
A esta crisis se suma la incertidumbre por la reforma a la Ley General de Aguas y la Ley de Aguas Nacionales, que busca reglamentar el derecho humano al agua pero podría afectar el uso agrícola.
El proyecto incluye riesgos como la centralización excesiva, la cancelación discrecional de concesiones, la eliminación del derecho de herencia de pozos y la falta de acompañamiento técnico a los productores.
Como advirtió Jorge Luis López Martínez, vicepresidente de Asuntos Hidráulicos del CNA: «Queremos leyes que ordenen el uso del agua, pero que también reconozcan al agricultor como aliado de la sostenibilidad. El campo mexicano no pide privilegios, pide certidumbre».
Mientras México retrocede, países como Brasil y Argentina, que hace medio siglo producían menos granos, hoy encabezan la producción mundial de maíz, trigo, soya y carne, que lograron con políticas públicas estables, inversión en tecnología y visión de largo plazo, pero en contraste, México importa maíz transgénico aunque prohíbe sembrarlo, renunciando a su soberanía productiva por temas más ideológicos que científicos.
El campo mexicano ya no puede continuar sin programas ni apoyos en un mundo donde las naciones subsidian su producción y aplican ciencia y tecnología, pues aunque figuras como Víctor Villalobos y Julio Berdegué han propuesto soluciones viables para temas como la producción del maíz, no se les ha permitido implementarlas por visiones políticas ajenas a la productividad.
Reconstruir el campo es tarea de todos: gobierno, productores, empresarios y academia, ya que solo mediante consenso y apoyo real a la producción de maíz, leche y carne podrá recuperarse la rentabilidad del sector porque México tiene lo esencial: tierra fértil, talento y productores que, con esfuerzo, siguen cosechando para el bien de nuestra patria.


