
Por Luis Fernando Haro
Director General CNA
Hay viajes de trabajo que dejan mucho más que reuniones, acuerdos o una agenda cumplida. Hace unos días tuvimos la oportunidad, como Consejo Nacional Agropecuario, de realizar nuestra reunión mensual en Guadalajara, Jalisco. Fueron dos días que me permitieron confirmar algo que desde hace tiempo hemos dicho: por algo Jalisco es el Gigante Agroalimentario de México.
Nuestra primera parada fue el Banco de Alimentos Guadalajara, institución presidida por José Luis González Íñigo, paisano sonorense —también originario de Hermosillo—, cuya pasión por ayudar se percibe desde los primeros minutos de conversar con él.
Conocía la importante labor que realizan los bancos de alimentos, pero una cosa es saberlo y otra recorrer sus instalaciones y dimensionar la organización y logística necesarias para que un alimento que podría desperdiciarse termine en la mesa de una familia que lo necesita.
LIDERAZGO DEL BAM
Lo que vimos fue extraordinario: El Banco de Alimentos Guadalajara atiende a más de 150 mil personas en 361 comunidades de la Zona Metropolitana y del interior de Jalisco, movilizando mensualmente más de 1.3 millones de kilogramos de alimentos. También apoya a instituciones de asistencia social que atienden adultos mayores, casas hogar, centros de rehabilitación y otras causas.

Su trabajo va mucho más allá de entregar despensas. Implica rescatar alimentos, transportarlos, seleccionarlos, clasificarlos, almacenarlos y distribuirlos con eficiencia y dignidad. Alrededor del llamado Parque de la Generosidad se ha construido, además, una visión integral que busca atender otras necesidades de las familias vulnerables.
Detrás de todo ello está el liderazgo de José Luis González Íñigo, de su Consejo, de Ricardo Romo, su Director General, y de cientos de colaboradores, voluntarios, donantes y aliados.
Pero algo me llamó particularmente la atención: la actitud de su gente. Encontramos colaboradores atentos, comprometidos y orgullosos de lo que hacen. Se percibía algo difícil de expresar en indicado-res: sentido de pertenencia y la convicción de que su trabajo tiene un propósito.
EN PROAN
Al día siguiente nos trasladamos a San Juan de los Lagos para participar en la Experiencia Tierra Fértil

«Diálogos con el Campo», realizada en las instalaciones de PROAN, empresa de la familia Romo.
Llevo prácticamente 40 años ligado al sector agroalimentario. He tenido la oportunidad de recorrer muchas regiones del país y visitar campos, ranchos, establos, granjas, empaques y agroindustrias. Sin embargo, pocas veces me había tocado observar, concentrados en una misma empresa, tantos elementos que explican el éxito: visión de largo plazo, innovación, disciplina, excelencia, calidad, inocuidad, eficiencia, compromiso con su gente y con su entorno.
La historia de PROAN comenzó en 1954, cuando don Manuel Romo Muñoz inició una pequeña granja familiar en San Juan de los Lagos. Con trabajo, visión y perseverancia, aquella empresa fue creciendo y diversificándose hasta convertirse en uno de los referentes de la producción agroalimentaria de nuestro país.
Pero lo verdaderamente admirable no es sola-mente su dimensión. Es la cultura que existe detrás de ese crecimiento.
UNA VISIÓN TRASCENDENTE
La visión de don Manuel trascendió generaciones y hoy encuentra continuidad en sus hijos y en una familia donde cada integrante ha asumido responsabilidades dentro de un proyecto común. Eso tiene un enorme mérito.
Crear una empresa es difícil; hacerla crecer durante décadas lo es todavía más; pero conseguir que las siguientes generaciones mantengan sus valores, profesionalicen sus operaciones, innoven y continúen pensando hacia adelante es uno de los mayores retos de cualquier empresa familiar.
PROAN demuestra también que una empresa agroalimentaria significa mucho más que producir alimentos. Significa generar empleos, desarrollar proveedores, incorporar tecnología, demandar ser-vicios, impulsar comunidades y crear oportunidades para miles de familias.

Y ahí volvió a suceder algo que había observado el día anterior en el Banco de Alimentos: la gente es-taba contenta.
Puede parecer un detalle menor, pero para mí no lo fue. En ambos lugares encontramos personas orgullosas de pertenecer a sus organizaciones, trabajadores que conocen su responsabilidad y colabora-dores que reflejan, con su atención y actitud, cariño por la institución para la que trabajan.
Las instalaciones pueden construirse.
Director General del Consejo Nacional Agropecuario
La maquinaria puede comprarse. La tecnología puede adquirirse y los procesos incluso pueden replicarse.
La cultura de una organización se construye durante años. Se construye con liderazgo, valores, respeto por las personas, congruencia y ejemplo cotidiano.
Nuestro reconocimiento también a nuestro amigo Andrés Canales Leaño y a todo el equipo de Tierra Fértil por impulsar “Diálogos con el Campo” y generar espacios que permiten reunir a productores, empresarios, organizaciones, academia y comunicadores. México necesita más encuentros donde no solamente hablemos de los problemas del sector, sino donde podamos conocer lo que se está haciendo bien, compartir experiencias exitosas y aprender unos de otros.
Regresé de estos dos días con una reflexión.
En Guadalajara conocimos una extraordinaria organización dedicada a rescatar alimentos para quienes más los necesitan. En San Juan de los Lagos visitamos una extraordinaria empresa dedicada a producir alimentos para millones de personas.
Parecerían dos mundos diferentes, pero forman parte de una misma cadena y comparten algo fundamental: el alimento como instrumento de bienestar, desarrollo y dignidad humana.
Uno produce. El otro rescata y redistribuye.
Uno demuestra lo que puede alcanzar la empresa mexicana cuando existen visión, inversión, trabajo y perseverancia. El otro demuestra lo que puede alcanzar una sociedad cuando existe generosidad organizada.

Y ambos nos recordaron que detrás de las grandes instituciones siempre existen grandes equipos humanos.
Quizá ahí se encuentre una de las principales razones por las que Jalisco ocupa el lugar que tiene dentro del sector agro-alimentario nacional.
No es casualidad. Es resultado de generaciones de productores, empresarios y trabajadores; de empresas familiares que han sabido crecer; de organizaciones sociales comprometidas y de hombres y mujeres que todos los días realizan su trabajo con orgullo.
Después de estos dos días me quedó todavía más claro:
Jalisco no es el Gigante Agroalimentario solamente por lo que produce. Lo es por su gente, por su cultura de trabajo, por su capacidad empresarial y por esa extraordinaria combinación de productividad y generosidad.
Por algo Jalisco es el Gigante Agroalimentario.

