CONOCER EL SUELO, NUTRIR DE ACUERDO CON LAS NECESIDADES DE LA PLANTA, REDUCIR INSUMOS Y USAR BIOESTIMULACIÓN COMO UNA HERRAMIENTA PARA FORTALECER LOS PROCESOS NATURALES DEL CULTIVO

Por Amado Vázquez Martínez

En la agricultura moderna, producir más ya no significa aplicar más fertilizantes, más estimulantes o más productos para combatir cada problema del cultivo, pues la tendencia apunta hacia un manejo más preciso: conocer el suelo, nutrir de acuerdo con las necesidades, reducir insumos y utilizar la bioestimulación como herramienta para fortalecer los procesos naturales del cultivo para garantizar la protección del medio ambiente y la inocuidad de los alimentos.

Así lo explica el ingeniero agrónomo César Giovanni Torres, egresado de la Universidad Autónoma Chapingo y asesor técnico comercial de la empresa AgroScience en Hidalgo, cuyo trabajo se concentra en el Valle de Tulancingo, donde asesora unidades de agricultura protegida dedicadas en su mayoría al cultivo de jitomate, seguido de pimiento y pepino, en una región caracterizada por sistemas productivos intensivos.

Desde su experiencia cotidiana en los invernaderos, Torres sostiene que la nutrición constituye mucho más que el suministro de fertilizantes para elevar el rendimiento porque es la primera defensa de la planta ante insectos, hongos, bacterias y otras amenazas que pueden reducir la cosecha.

«La nutrición es la primera línea de defensa contra las plagas y las enfermedades. Una planta bien nutrida se enferma menos, produce más y da fruta de mucha mayor calidad», afirma.

La reflexión parece sencilla, pero cambia el enfoque tradicional del manejo agrícola. Durante años, una parte importante de la producción se ha basado en reaccionar cuando aparece un problema: se aplica un insecticida cuando llega la plaga, un fungicida cuando se manifiesta la enfermedad o un fertilizante cuando la planta comienza a mostrar deficiencias.

El nuevo enfoque propone anticiparse en lugar de esperar a que el cultivo se debilite, se busca mantenerlo equilibrado desde la raíz, facilitando la absorción de nutrientes, reduciendo los periodos de estrés y generando condiciones que le permitan responder mejor ante los cambios de temperatura, humedad, salinidad o presión de patógenos.

EL HOSPEDERO SUSCEPTIBLE

Para que una enfermedad se establezca no basta con la presencia del patógeno sino que también necesita encontrar una planta susceptible porque cuando el cultivo atraviesa estrés hídrico, deficiencias nutrimentales, daños en las raíces o condiciones ambientales adversas, su capacidad natural de defensa disminuye.

Una planta sometida al calor, al frío, a la falta de agua o a una elevada concentración de sales consume gran parte de su energía tratando de sobrevivir y si además carece de elementos esenciales, queda expuesta a ataques que quizá podría tolerar en mejores condiciones.

«Si el cultivo está débil y estresado, el mismo cultivo va a llamar al problema», resume Torres al explicar que la susceptibilidad aumenta drásticamente cuando se combinan el estrés ambiental y una nutrición deficiente.

Dato

UNA PLANTA SOMETIDA AL CALOR, AL FRÍO, A LA FALTA DE AGUA O A UNA ELEVADA CONCENTRACIÓN DE SALES CONSUME GRAN PARTE DE SU ENERGÍA TRATANDO DE SOBREVIVIR Y SI ADEMÁS CARECE DE ELEMENTOS ESENCIALES, QUEDA EXPUESTA A ATAQUES QUE QUIZÁ PODRÍA TOLERAR EN MEJORES CONDICIONES.

Esto no significa que una planta bien alimentada sea inmune, pues en zonas con una elevada presión de plagas o enfermedades puede sufrir daños; sin embargo, tendrá mejores condiciones fisiológicas para resistir, recuperarse y aprovechar los tratamientos preventivos.

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Revista Agosto 2026

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