HOY, EL ÉXITO YA NO SE MIDE SÓLO EN HECTÁREAS SEMBRADAS, SINO EN CIENCIA, INNOVACIÓN, SUSTENTABILIDAD, CALIDAD Y VALOR AGREGADO

Por Amado Vázquez Martínez / Tierra Fértil

Durante buena parte del siglo pasado, el éxito de la agricultura se midió por las hectáreas sembradas y las toneladas cosechadas, pero ese paradigma comenzó a cambiar con una agroindustria que encontró en la ciencia, la genética y la innovación su mejor herramienta para competir en los mercados internacionales.

Hoy, las berries representan uno de los ejemplos más claros de esa transformación, porque muestran cómo el campo mexicano evolucionó hacia un modelo donde producir mejor resulta más importante que simplemente producir más.

BREVE HISTORIA DE LAS BERRIES

La historia de las berries mexicanas no es sólo la de cuatro frutos —fresa, zarzamora, frambuesa y arándano—, sino la de una agroindustria que entendió que el crecimiento del siglo XXI ya no se mide únicamente en superficie, sino en conocimiento, sustentabilidad, calidad y valor agregado.

Esa evolución ha permitido que México se consolide como un proveedor estratégico de frutos rojos y que miles de productores encuentren en este sector una alternativa de desarrollo basada en tecnología, empleo rural e integración con los mercados globales.

Esa visión es compartida por quienes han sido protagonistas de distintas etapas del sector. Miguel Ángel Curiel Mendoza, presidente de Aneberries; Francisco Javier Ortiz Esquivel, fundador de Berries Paradise y uno de los pioneros del cultivo de arándanos en México junto Ricardo Márquez, especialista en genética y gerente comercial de Fall Creek.

También hablan Julio Santisteban, conocedor de la agroindustria peruana de las berries, y Eduardo Betancourt, experto en manejo agronómico, así como Rubén Guerrero, gerente comercial de Planasa, productora de plantas de arándano, quienes coinciden en una misma conclusión: el futuro dependerá de producir fruta con mayor calidad, mejor sabor, mayor vida de anaquel, menor impacto ambiental y mayor rentabilidad para el productor.

UNA INDUSTRIA ESTRATÉGICA

Las cifras explican por qué las berries dejaron de ser un cultivo especializado para convertirse en una agroindustria estratégica para México. De acuerdo con Miguel Ángel Curiel Mendoza, la superficie establecida supera actualmente las 43 mil hectáreas, distribuidas principalmente en Jalisco, Michoacán, Baja California, Guanajuato y Sinaloa.

La cadena productiva genera anualmente 900 mil toneladas y más de 323 mil empleos entre actividades agrícolas, empaque, logística y comercialización, mientras las exportaciones rebasan las 682 mil toneladas de fruta fresca con destino a 41 países, aunque Estados Unidos concentra la mayor parte de las ventas al exterior.

La industria integra cuatro cultivos con características propias y la fresa continúa como la frutilla de mayor volumen nacional y conserva el peso histórico del sector, mientras que la zarzamora ha colocado a México entre los referentes mundiales de este cultivo.

La frambuesa mantiene un crecimiento sostenido por su alto valor comercial, mientras el arándano representa la mayor revolución tecnológica de los últimos años, gracias al desarrollo de nuevas variedades y a una intensa renovación genética que ha elevado la productividad y la calidad de la fruta.

El verdadero valor de esta agroindustria está en su capacidad para generar riqueza en el medio rural. A diferencia de otros cultivos extensivos, las berries demandan mano de obra especializada prácticamente todo el año, impulsan infraestructura de empaque y refrigeración, investigación genética y tecnologías de precisión, como el fertirriego hasta monitoreo climático y certificaciones de inocuidad.

MÉXICO EN EL MUNDO

El crecimiento mexicano también debe entenderse dentro del escenario internacional. El análisis presentado por la International Blueberry Organization (IBO) 2025 confirma que la producción mundial, particularmente de arándano, continuará expandiéndose durante los próximos años, impulsada por el aumento en el consumo de alimentos saludables, la incorporación de nuevas zonas productoras y la renovación genética.

En ese contexto, Perú mantiene el liderazgo en exportaciones de arándano fresco, Estados Unidos continúa como principal mercado consumidor y México se ubica entre los actores relevantes por su calidad, cercanía logística con Norteamérica y capacidad para abastecer ventanas estratégicas.

Hoy el mercado premia consistencia, sabor, firmeza, vida de anaquel, inocuidad y sustentabilidad, atributos que obligan a productores, empresas de genética, investigadores y exportadores a innovar de manera permanente, porque la ventaja mexicana ya no descansa sólo en la cercanía geográfica, sino en la capacidad de responder con rapidez a consumidores cada vez más exigentes.

BREVE HISTORIA

La historia moderna de las berries mexicanas comenzó mucho antes de que el arándano se convirtiera en protagonista. La fresa fue el primer fruto rojo que encontró condiciones ideales para desarrollarse comercialmente, sobre todo en Guanajuato, Michoacán y Baja California; después apareció la zarzamora, más tarde la frambuesa, y finalmente el arándano, que durante años fue visto como una fruta ajena al paisaje agrícola nacional.

El cambio tomó forma a finales de los noventa y principios del nuevo siglo, cuando empresas chilenas y estadounidenses, junto con productores mexicanos, identificaron que el país podía abastecer al mercado de Estados Unidos en las ventanas en que otros orígenes tenían menor disponibilidad y fue la diversidad climática, la cercanía logística y la capacidad de trabajo del campo mexicano las que lograron abrir las ventanas de EUA y que trajeron inversión, genética, viveros especializados y nuevos modelos de producción.

Francisco Javier Ortiz Esquivel vivió de cerca esa etapa fundacional en Michoacán: «Éramos una industria que estaba aprendiendo porque había que conocer el cultivo, entender cómo respondía en las diferentes regiones del país y, sobre todo, demostrar que México podía producir fruta con la calidad que demandaban los mercados internacionales», recuerda el fundador de Berries Paradise, considerado uno de los impulsores del arándano en México.

Aquellos primeros ensayos dejaron una enseñanza que todavía define al sector: competir únicamente por volumen sería un error. Desde sus primeros años, las berries mexicanas aprendieron que el mercado premiaría calidad, consistencia, oportunidad y capacidad para entregar fruta en las ventanas de mayor demanda, una visión que terminó diferenciando a México frente a otros países productores y abrió el camino a una nueva etapa, donde la genética comenzó a marcar el futuro.

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