Jalisco llegó a registrar 25 granjas y distribuyó 100 mil renacuajos; seis años después, la ranicultura requiere actualizar su inventario y reconstruir su cadena comercial
Por Amado Vázquez Martínez
Guadalajara, Jalisco.- La crianza de rana toro permanece como una pequeña alternativa acuícola para comunidades rurales de México, aunque su desarrollo avanza de manera desigual, con pocos viveros especializados, estadísticas dispersas y unidades productivas que enfrentan dificultades para asegurar crías, alimento, sanidad y compradores.
En Jalisco, uno de los principales esfuerzos ocurrió en 2020, cuando la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural estatal entregó 100 mil renacuajos producidos en el Centro Acuícola El Estribón, ubicado en Yahualica de González Gallo, a ocho ranicultores de Cihuatlán, Atotonilco el Alto, Teocaltiche, Lagos de Moreno, Zapotlanejo, Jalostotitlán, Autlán de Navarro y Acatic.

En aquel momento se reportaban alrededor de 25 granjas, 15 dedicadas a la comercialización y diez al autoconsumo. La producción jalisciense de 2019 se estimó en 15 toneladas de carne, concentradas principalmente en Altos Norte y la Ciénega.
De acuerdo con datos propios de Tierra Fértil, la Carta Nacional Acuícola, la actualización publicada en el Diario Oficial y el reporte de agosto de 2026 sobre la producción en Calvillo, Aguascalientes, la ranicultura es una fuente económica que puede complementar la economía rural y requiere actualizaciones.
Faltan cifras nuevas
Seis años después, no existe en las fuentes públicas consultadas un censo estatal comparable que permita saber cuántas de aquellas unidades continúan trabajando, cuánto producen y qué volumen de renacuajos pueden suministrar actualmente los centros acuícolas.
La SADER todavía reconocía en diciembre de 2024 a la rana toro como parte de la oferta acuícola del estado y difundió experiencias desarrolladas en Atotonilco el Alto, pero la falta de cifras recientes impide determinar si la actividad creció, se mantuvo o perdió productores.
La experiencia demuestra que repartir renacuajos es apenas el primer paso, pues un vivero garantiza material para comenzar el ciclo, pero la rentabilidad depende de reducir la mortalidad durante la metamorfosis, controlar temperatura y calidad del agua, proporcionar alimento adecuado y contar con instalaciones para la engorda, sacrificio, refrigeración y comercialización.
Actividad especializada
En México, el Estado de México es uno de los referentes de la ranicultura, con unidades en municipios como Calimaya, Donato Guerra, Ixtapan de la Sal, Tianguistenco y Villa Guerrero.

La rana toro puede representar una fuente complementaria de alimento e ingreso rural, siempre que cada salto productivo esté acompañado por sanidad, compradores y responsabilidad ambiental.
El interés tampoco ha desaparecido en otras regiones, ya que en agosto de 2026 se informó que crías producidas en una granja de Calvillo, Aguascalientes, completaron su metamorfosis y comenzaron una nueva etapa de desarrollo, dentro de un proyecto para diversificar las actividades agropecuarias y acuícolas.
La carne de rana tiene un mercado gastronómico especializado y puede comercializarse entera o mediante cortes, principalmente ancas, pero su consumo todavía es reducido y una granja difícilmente puede consolidarse sin compradores previamente identificados, continuidad en el abasto y una cadena de frío eficiente.
Producción responsable
La rana toro (Lithobates catesbeianus) es una especie exótica y está clasificada en México como invasora. Si escapa de las granjas puede competir con anfibios nativos, alimentarse de otras especies y favorecer la dispersión de enfermedades como la quitridiomicosis.
Por ello, los criaderos deben operar bajo confinamiento, con barreras que impidan fugas, control sanitario, manejo adecuado del agua y vigilancia sobre el traslado de renacuajos y ejemplares adultos.
Jalisco conserva experiencia, productores y regiones aptas para la actividad, pero recuperar el impulso requiere algo más que volver a distribuir crías: necesita actualizar el padrón de granjas, fortalecer los viveros, capacitar a los ranicultores y construir mercados.

