EL PROCESO ELECTORAL ARRANCA EN SEPTIEMBRE CON UN PARTIDO QUE CORRIÓ ANTES DEL DISPARO, ÁRBITROS QUE MIRAN A OTRO LADO, UNA OPOSICIÓN EXTRAVIADA Y UN EMPRESARIADO AFÓNICO

Bosco de la Vega
Expresidente del Consejo Nacional Agropecuario.

En el atletismo, la salida en falso descalifica. En México, premia.

El 10 de septiembre inicia el proceso electoral federal y en los meses siguientes, los locales. A nueve meses de la elección, tenemos un partido dominante que abusa de su posición, instituciones electorales mochas y una conversación pública paupérrima.

La carrera empezó hace meses. Desde marzo, Morena inventó las coordinaciones para la defensa de la transformación y la soberanía: un vehículo para que sus aspirantes se posicionaran en las encuestas con tiempo, dinero y estructura. No se trata solo del vástago de Tabasco, sino de miles que buscan candidatura a como dé lugar, sobre todo donde se da por ganada la gubernatura, como Guerrero o Quintana Roo.

Llegará a las campañas de abril de 2027 con doce meses de ventaja. Aunque ha habido denuncias por actos anticipados, los árbitros del INE y el Tribunal Electoral no ven lo que millones sí.

Además, la renuncia de la magistrada Mónica Soto -quien avaló la sobrerrepresentación legislativa que permitió las reformas del 2024- llega tarde, sin rendición de cuentas, y deja al Tribunal con cinco de siete magistraturas hasta 2028.

Enfrente, la oposición lleva ocho años ensimismada en retóricas prestadas y derrotas propias, sin creatividad para pensar un México distinto. Dos opciones «nuevas» aparecerán en la boleta: Somos México y PAZ.

Una luce satélite del oficialismo, la otra intenta institucionalizar una emoción legítima pero fragmentada. Ganará quien mejor cuente la historia del futuro, o quien mejor opere la elección. La oposición no tiene hoy capacidad de lo uno ni lo otro.

Tampoco ayuda la afonía empresarial. Buena parte de la iniciativa privada cambió la incomodidad de la palabra por la esperanza de arreglar sus problemas en corto. Mientras periodistas, académicos y ciudadanos comunes documentan el desmantelamiento institucional, quienes dicen ser la voz de las empresas llevan ocho años sin encontrarla. Ese silencio más que prudencia, parece complicidad.

Como siempre, la última esperanza es el voto ciudadano. Un ciudadano azotado por la manipulación, la polarización o el desánimo: la bandera de la soberanía para defender a un junior por el retiro de visa; un gobernador que vuelve al cargo sin explicar nada, para luego volverse a ir; una presidenta que defiende listas de comunicadores cuyo pecado es investigar. ¡Qué desolador paisaje!

Quedan nueve meses. Unos ya corren a toda velocidad, y el disparo aún no suena. Ojalá el despertar ciudadano -y el de quienes hoy callan- no llegue con la carrera ya decidida.

CUMULONIMBUS. «Una nación de ovejas engendra un gobierno de lobos»: Edward R. Murrow.

@BOSCODELAV

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