Luis Fernando Haro

Director General Consejo Nacional Agropecuario

En el contexto de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), han resurgido comentarios en Estados Unidos de la intención de incorporar mecanismos de estacionalidad en las investigaciones comerciales agrícolas. Aunque este tema se presenta como una medida para atender preocupaciones de algunos productores de ciertas regiones estadounidenses, la experiencia demuestra que este tipo de acciones generan distorsiones de mercado, afectan a consumidores y productores por igual y ponen en riesgo uno de los mayores logros de América del Norte: la integración agroalimentaria más exitosa y competitiva del mundo.

La agricultura de México, Estados Unidos y Canadá no compite en términos absolutos; por el contrario, se complementa. Durante décadas, los tres países han construido cadenas de suministro profundamente integradas que permiten abastecer de alimentos frescos, inocuos, de calidad y a precios accesibles a más de 500 millones de habitantes de la región. Esta complementariedad ha sido clave para fortalecer la seguridad alimentaria, reducir costos logísticos, ampliar la oferta de productos durante todo el año y mejorar la competitividad de América del Norte frente a otras regiones del mundo.

AUTOSUFICIENCIA DE NORTEAMÉRICA

Hoy, la región de Norteamérica representa uno de los espacios económicos con mayor autosuficiencia alimentaria a nivel global. La integración comercial ha permitido aprovechar ventajas climáticas, productivas y logísticas de cada país, generando beneficios compartidos para productores, comercializadores y consumidores. Romper o debilitar este modelo mediante barreras arancelarias o medidas restrictivas tendría consecuencias negativas para todos.

El caso del tomate mexicano es quizás el mejor ejemplo de los efectos contraproducentes que pueden tener las medidas comerciales impulsadas bajo argumentos de protección estacional. Durante años, los productores estadounidenses han promovido acciones contra las exportaciones mexicanas de tomate, argumentando afectaciones al mercado local. Sin embargo, la realidad ha demostrado que estas medidas no han fortalecido de manera significativa la competitividad de la industria estadounidense y, en cambio, han provocado incrementos en los costos para distribuidores,

restaurantes y consumidores en Estados Unidos.

RESTRICCIONES AL COMERCIO

Diversos análisis han evidenciado que las restricciones al comercio de tomate mexicano terminan traduciéndose en mayores precios para las familias estadounidenses, menor disponibilidad de producto y afectaciones a miles de empresas que participan en la cadena de suministro. Al mismo tiempo, generan incertidumbre para los productores mexicanos, quienes han invertido durante décadas para cumplir con los más altos estándares de calidad, inocuidad y sostenibilidad exigidos por el mercado norteamericano.

La lección es clara: cuando se imponen obstáculos artificiales al comercio agroalimentario, no existen ganadores absolutos. Las consecuencias se distribuyen a lo largo de toda la cadena productiva y terminan afectando la competitividad regional.

Por ello, la propuesta de incorporar criterios de estacionalidad dentro del marco comercial del T-MEC debe analizarse con extrema cautela. Más allá de atender intereses particulares de ciertos sectores, cualquier decisión debe valorar su impacto sobre el conjunto de la economía regional y, especialmente, sobre la capacidad de garantizar el suministro oportuno de alimentos para la población.

T-MEC HERRAMIENTA FUNDAMENTAL

El Consejo Nacional Agropecuario ha sido consistente al señalar que el T-MEC ha sido un instrumento fundamental para fortalecer la integración productiva y comercial de América del Norte. Asimismo, ha reiterado que la competitividad regional depende de preservar reglas claras, certidumbre jurídica y un comercio basado en criterios técnicos y científicos, evitando medidas proteccionistas que distorsionen los mercados.

Esta visión es compartida por organizaciones de los tres países. Recientemente, más de 145 organizaciones agroalimentarias, empresariales y de productores de México, Estados Unidos y Canadá expresaron conjuntamente su respaldo al fortalecimiento y renovación del T-MEC, destacando que el acuerdo ha sido determinante para consolidar a América del Norte como la región con mayor seguridad alimentaria del mundo.

En dicha comunicación, los firmantes subrayan que la integración económica y comercial de la región ha permitido triplicar el comercio agroalimentario entre los tres países en las últimas dos décadas, fortalecer

Director General del Consejo Nacional Agropecuario

la resiliencia de las cadenas de suministro, impulsar la inversión, reducir costos para los consumidores y garantizar el acceso a alimentos suficientes, inocuos y accesibles para más de 500 millones de personas.

BARRERAS DEBILITAN TRILATERALIDAD

Asimismo, advierten que cualquier medida que genere incertidumbre, imponga nuevas barreras al comercio o debilite la naturaleza trilateral del acuerdo podría afectar la competitividad regional, incrementar los costos de producción, elevar los precios de los alimentos y comprometer la seguridad alimentaria de toda Norteamérica.

La revisión del tratado representa una oportunidad para profundizar la cooperación entre los tres países, fortalecer las cadenas de suministro y consolidar una estrategia regional que permita enfrentar desafíos comunes como la inflación alimentaria, los efectos del cambio climático, la volatilidad geopolítica y la creciente demanda mundial de alimentos.

En este contexto, resulta indispensable recordar que el principal objetivo de cualquier política agroalimentaria debe ser garantizar el acceso suficiente a alimentos de calidad, inocuos y accesibles para toda la población. Cuando los alimentos se encarecen por razones artificiales o cuando se restringe la oferta disponible en el mercado, quienes terminan pagando el costo son los consumidores, particularmente los hogares de menores ingresos.

LA GRAN FORTALEZA REGIONAL

La fortaleza de América del Norte radica precisamente en su capacidad para producir más y mejores alimentos mediante la integración de sus economías. México aporta productividad, eficiencia y capacidad de suministro.

Estados Unidos contribuye con innovación, tecnología y una amplia infraestructura logística; Canadá complementa con producción estratégica y una sólida participación en cadenas agroalimentarias regionales. Juntos conforman un bloque que ha demostrado ser más competitivo cuando trabaja de manera coordinada que cuando recurre a medidas restrictivas.

El futuro agroalimentario de América del Norte no debe construirse sobre la base del proteccionismo, sino sobre la cooperación, la complementariedad y la integración productiva. Mantener mercados abiertos, reglas claras y una visión regional seguirá siendo la mejor garantía para asegurar alimentos suficientes, de calidad y accesibles para más de 500 millones de personas que dependen diariamente del éxito de esta extraordinaria alianza económica.

Frente a un entorno internacional cada vez más complejo, preservar la integración regional y evitar medidas proteccionistas será esencial para mantener la competitividad de América del Norte, garantizar el abasto oportuno de alimentos y proteger el bienestar de millones de consumidores.

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