La científica brasileña Mariangela Hungría demuestra que bacterias fijadoras de nitrógeno pueden reducir costos y emisiones en el campo
Por Amado Vázquez Martínez / Tierra Fértil
Durante décadas, la agricultura moderna apostó casi exclusivamente por fertilizantes químicos para elevar los rendimientos agrícolas, sin embargo, el alto costo de estos insumos y su impacto ambiental abrieron la puerta a nuevas alternativas, escenario ante el cual la científica brasileña Mariangela Hungría dedicó más de 40 años a investigar bacterias capaces de fijar nitrógeno del aire y entregarlo directamente a las plantas.
Su trabajo permitió desarrollar inoculantes biológicos que hoy son considerados una de las alternativas más viables para reducir el uso de fertilizantes nitrogenados sintéticos, cuyos costos pueden ser hasta 20 veces superiores a los de estas soluciones biológicas, impacto que no solo alcanzó a la producción de soya en Brasil, sino que abrió una nueva ruta tecnológica hacia una agricultura más rentable, sustentable y eficiente.

De acuerdo con el reportaje de fondo publicado por Tierra Fértil en el número 204 de la edición de abril 2026, los avances impulsados por Hungría permitieron ahorros estimados en decenas de miles de millones de dólares anuales, además de disminuir emisiones derivadas de la fabricación de fertilizantes químicos, considerados altamente demandantes de energía.
Ciencia y productividad
El reconocimiento internacional llegó en 2025, cuando Mariangela Hungría recibió el Premio Mundial de la Alimentación 2025, considerado el máximo galardón global en materia agrícola, premio que distingue investigaciones capaces de transformar la producción de alimentos y fortalecer la seguridad alimentaria mundial.
La científica brasileña encontró inspiración desde niña en el libro Cazadores de microbios, donde descubrió el papel de organismos invisibles fundamentales para la vida y más adelante, la historia de Marie Curie terminó de definir su vocación por la microbiología.
Hungría se formó como ingeniera agrónoma y posteriormente realizó estudios de maestría y doctorado en Brasil, en una época donde predominaba el uso intensivo de fertilizantes químicos y posteriormente, a contracorriente, decidió explorar el papel de los microorganismos en la nutrición vegetal.
Del laboratorio al surco

Uno de los respaldos más importantes en su carrera fue la científica Johanna Döbereiner, referente mundial en el estudio de bacterias fijadoras de nitrógeno. Sus investigaciones demostraron que ciertas bacterias pueden establecer simbiosis con las raíces de las plantas y aportar nitrógeno de manera natural.
El principio técnico consiste en aprovechar microorganismos específicos capaces de transformar el nitrógeno atmosférico en formas aprovechables por los cultivos, reduciendo así la dependencia de fertilizantes sintéticos.
Ese modelo biológico comenzó a expandirse en la agricultura brasileña, particularmente en la producción de soya, donde el uso de inoculantes se convirtió en una herramienta clave para mantener altos rendimientos con menores costos de producción.


