Su tamaño, su color y su consistencia lo han posicionado durante décadas como uno de los granos más apreciados en el mundo, particularmente en el Mediterráneo y Medio Oriente
Por Amado Vázquez Martínez
Valle de El Évora, Sinaloa.– El garbanzo blanco sinaloense no es solo un cultivo: es una marca país por su tamaño, su color y su consistencia, que lo han posicionado durante décadas como uno de los granos más apreciados en mercados internacionales, particularmente en el Mediterráneo y Medio Oriente… Pero en este ciclo agrícola, ese prestigio enfrenta una prueba compleja.
Menos superficie sembrada, rendimientos desiguales por condiciones climáticas atípicas y un mercado global condicionado por el tipo de cambio, la logística y los conflictos geopolíticos que han cambiado las reglas del juego, lo que hace que el productor no solo compita por producir más, sino por producir mejor… y vender en el momento correcto.
El Valle del Évora
En el Valle de El Évora, corazón garbancero de Sinaloa, el productor Manuel Gumaro López Cuadras, presidente de la Junta Local de Sanidad Vegetal, lo resume con una visión que mezcla estrategia y urgencia: «Primero que nada, buscar los mercados de distribución y consumo… para darle salida y que sea rentable para los productores». La frase no es menor.
En el garbanzo, producir sin mercado es perder y en este ciclo, el mercado se está redefiniendo.
Argelia: la apuesta del ciclo
Uno de los movimientos más relevantes del sector es la apertura hacia Argelia como comprador estratégico, que, a diferencia de otros destinos donde la comercialización depende de intermediarios, en este caso se trata de compras consolidadas por parte del gobierno, lo que abre la posibilidad de negociaciones más directas.
López Cuadras confirma que ya existe acercamiento formal: «Se envió ya la carta… poniendo a disposición del gobierno de Argelia este garbanzo… y la intención es venderles».
El volumen que se busca colocar no es marginal «La idea es ofrecerle las 20 mil o arriba de 20 mil toneladas que requieren ellos», señala, dato clave porque, en un ciclo con menor producción, contar con un comprador de ese tamaño podría funcionar como “ancla” de mercado, estabilizando precios y asegurando flujo de comercialización.

«El garbanzo puede establecerse con un riego de asiento y, en muchos casos, sin necesidad de riegos de auxilio. «El 70% u 80% no se ocupa darle el auxilio»:
Manuel Gumaro López Cuadras, agricultor de Sinaloa
El proceso aún no está cerrado «No tenemos las fechas reales… yo me imagino que en este mes inician las subastas», explica el líder productor.
Aun así, el simple hecho de abrir ese canal institucional representa un cambio de fondo. En ciclos anteriores, gran parte del garbanzo sinaloense se colocaba a través de intermediarios, principalmente en España, que posteriormente redistribuían el producto hacia otros países.
Ese modelo, aunque funcional, implicaba mayores costos y menor margen para el productor. Hoy, la intención es acortar la cadena.
Lecciones del ciclo pasado
El impulso hacia nuevos mercados no surge por casualidad. Es resultado directo de lo ocurrido en 2025, un año que rompió récords en superficie y exportación: «Se sembraron arriba de 100 mil hectáreas… pusimos de exportación más de 180 mil toneladas y se logró colocar casi el 100%», recuerda López Cuadras.

El garbanzo blanco sinaloense no es solo un cultivo: es una marca país por su calibre, su color y su consistencia.
Fue un ciclo de alto volumen, pero también de alta exigencia logística, porque mover ese nivel de producción obligó a depender de múltiples intermediarios, elevando costos y reduciendo la utilidad en origen…
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