El trabajo de Hungría permitió que la producción de soya en Brasil redujera la dependencia de fertilizantes nitrogenados sintéticos al inocular bacterias que fijan nitrógeno atmosférico
Por Amado Vázquez Martínez
Durante décadas, el fertilizante nitrogenado fue sinónimo de productividad y aplicarlo equivalía a asegurar rendimiento, además de que cuestionarlo parecía una herejía técnica, pero una ingeniera agrónoma brasileña decidió apostar por lo que muchos consideraban marginal: bacterias que fijan el nitrógeno atmosférico para reducir el uso de fertilizantes sintéticos.
El premio
El 23 de octubre de 2025, la investigadora de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (EMBRAPA), Mariangela Hungría, se convirtió en la décima mujer en recibir el Premio Mundial de la Alimentación (PMA), reconocido como el «Premio Nobel de Agricultura», en una ceremonia celebrada en Des Moines, Estados Unidos.

El premio, otorgado por la Fundación del Premio Mundial de la Alimentación, celebró el impacto de 40 años de investigación de la científica brasileña y su contribución al desarrollo de insumos biológicos para la agricultura.
En esa fecha, Mashal Husain, presidente de la Fundación del Premio Mundial de la Alimentación, explicó que el Premio Mundial de la Alimentación reconoce a las personas que fortalecen la seguridad alimentaria mundial.
Durante el evento «Diálogo Bourlaug», celebrado en Des Moines esta semana, se reunieron casi mil representantes de 41 países: pioneros de la tecnología agrícola, líderes de la agroindustria, científicos, líderes, agricultores, ministros de agricultura, jefes de estado, directores ejecutivos de bancos y otros.
«Mariangela es una científica increíble: es justo la persona que Norman Borlaug buscaba. Es alguien que conoce su investigación, pero que comparte los resultados con los agricultores. El Dr. Borlaug siempre decía: ‘Lleven el mensaje al agricultor’. Y hoy estaría orgulloso de saber que la Dra. Mariangela Hungría es nuestra 56.ª Galardonada con el Premio Mundial de la Alimentación», dijo Mashal.
Pero desde mayo de 2025, el nombre de Mariangela Hungría dio la vuelta al mundo al serle otorgado el World Food Prize, galardón creado por Norman Borlaug para reconocer contribuciones extraordinarias a la seguridad alimentaria global. El motivo: transformar el uso de bioinsumos en una solución escalable para la agricultura comercial.
La investigación

Según reportó Bloomberg Línea, el trabajo de Hungría permitió que la producción de soya en Brasil redujera drásticamente la dependencia de fertilizantes nitrogenados sintéticos mediante la inoculación de bacterias diazotróficas capaces de fijar nitrógeno atmosférico.
La base científica no es nueva: las leguminosas forman simbiosis con microorganismos que capturan nitrógeno del aire y lo convierten en formas asimilables por la planta. Lo revolucionario fue llevar ese conocimiento a escala industrial.
Hungría desarrolló y perfeccionó protocolos de reinoculación anual y coinoculación bacteriana desde la Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuaria (Embrapa Soja), en Paraná. Hoy, aproximadamente el 85% de la superficie brasileña de soya –unos 40 millones de hectáreas– utiliza estas tecnologías biológicas.
Mientras un fertilizante nitrogenado puede costar hasta 50 dólares por aplicación, los inoculantes biológicos rondan los 02 dólares. Las estimaciones citadas por Bloomberg apuntan a ahorros anuales que alcanzan decenas de miles de millones de dólares para el sistema agrícola brasileño.
La fabricación de fertilizantes nitrogenados implica procesos industriales intensivos en energía, asociados a emisiones significativas de gases de efecto invernadero. Reducir su uso tiene implicaciones directas en la huella de carbono del agro.

Hungría enfrentó escepticismo académico y técnico. «Mucha gente decía que lo ecológico era de nicho», declaró. La evidencia de campo desmontó el prejuicio: los ensayos demostraron que la reinoculación anual podía igualar o superar rendimientos obtenidos con fertilización química convencional.
Brasil, hoy uno de los principales productores de bioinsumos, exporta estos productos por alrededor de 90 millones de dólares anuales, cifra con potencial de crecimiento, de acuerdo con reportes económicos recientes.
Más allá de la soya, lacoinoculación abrió puertas en cultivos como maíz y trigo, no solo por fijación de nitrógeno, sino por estímulo radicular y mejor absorción de agua y nutrientes, un factor estratégico ante escenarios de estrés hídrico. (Con datos de embrapa.br)

