El sector agroalimentario demostró su resiliencia y vocación al diálogo, porque pese Diálogo SEDER-Maiceros. a los contrastes y diferencias de opiniones, prosiguió la producción y exportación superavitaria
Por Amado Vázquez Martínez / Tierra Fértil
El campo mexicano vivió en 2025 uno de los años más complejos y contrastantes de las últimas décadas, un ciclo marcado por tensiones económicas, sanitarias y comerciales, pero también por la capacidad de adaptación y resiliencia de uno de los sectores estratégicos del país. A lo largo del año, agricultores y ganaderos enfrentaron precios internacionales a la baja, una emergencia sanitaria sin precedentes recientes y conflictos comerciales con su principal socio, mientras las exportaciones agroalimentarias sostuvieron el balance externo nacional y confirmaron el peso estructural del agro en la economía mexicana.
LA SOMBRA DE LA SEQUÍA Y LAS LLUVIAS
El año inició bajo la sombra de la sequía por tercer año consecutivo, ya que tras los impactos acumulados de 2023 y 2024, presas, agostaderos y bordos arrancaron el ciclo con niveles comprometidos, condicionando decisiones de siembra y manejo pecuario, pero conforme avanzaron los meses, el panorama climático mostró una mejoría relativa. De acuerdo con el análisis de Agroclima, México se mantuvo gran parte de 2025 en fase neutral, sin la presencia de «El Niño» ni «La Niña», lo que favoreció un temporal más activo, pero en junio se registraron lluvias hasta 47 por ciento superiores al promedio histórico en varias regiones agrícolas.
En tanto, septiembre cerró con una lámina nacional de agua cercana a 11 por ciento por arriba del promedio, fa- Tierra Fertil / la revista del campo favoreciendo la floración y llenado de grano en maíz y frijol, así como la recuperación de zonas ganaderas, pero, aun así, la distribución irregular confirmó que el clima ya no ofrece certezas y obliga a replantear la gestión del agua.
Por otra parte, en julio de 2025, Estados Unidos finalizó el Acuerdo de Suspensión del Tomate e impuso un aran- cel del 17.09% (o en ocasiones 20.91% o 30% dependiendo de las medidas específicas) a las importaciones de toma- te fresco de México, pero en noviembre de 2025 EE. UU. revirtió esa decisión.
EL SHOCK DEL PRECIO DE GRANOS
El respiro climático no alcanzó para amortiguar el cho- que económico, pues durante el primer semestre, la caí- da de los precios internacionales de granos y oleaginosas presionó severamente los ingresos de productores de maíz, trigo y sorgo, cuyas cotizaciones quedaron por debajo de los costos de producción.
El encarecimiento de fertilizantes, combustibles, ener- gía eléctrica y financiamiento profundizó la brecha entre producir y obtener rentabilidad, detonando inconformidad en amplias regiones productoras del país, donde campesi- nos de distintas organizaciones exigieron precios promedio de siete mil 200 pesos por tonelada de maíz.
La tensión social estalló en la segunda mitad del año porque a partir de agosto de 2025, organizaciones de pro- ductores de granos y oleaginosas iniciaron paros y protes- tas con bloqueos intermitentes en carreteras, centros de acopio y bodegas.
El reclamo fue directo: precios justos, certidumbre comercial y medidas frente a la importación de productos a precios de dumping y fue en septiembre cuando las movilizaciones se intensificaron y obligaron a la apertura de mesas de negociación con autoridades federales y estatales. Como señaló Baltazar Valdez Armentia, líder del FN- RCM en entrevista con Tierra Fértil, «el productor no pide subsidios eternos, pide precios que cubran los costos y reglas claras para poder sembrar y seguir produciendo», pero a fin de año hubo acuerdos condicionados por parte de la federación, gobiernos estatales, así como por parte de los agroproductores y transportistas.
EL GBG Y SU IMPACTO EN LA GANADERÍA

En paralelo, el sector pecuario enfrentó uno de los gol- pes más severos del año: Tras la detección del Gusano Barrenador del Ganado en noviembre de 2024, el 2025 inició con un panorama sombrío al cerrar EE. UU. unilateralmente la importación de ganado en pie mexicano, del cual se exportaban en promedio 1.2 millones de cabezas anuales. La primera suspensión fue el 11 de mayo de 2025 y duró aproximadamente siete semanas, reanudándose el 7 de julio de 2025; la segunda suspensión ocurrió dos días después de la reapertura, el 9 de julio de 2025 y la tercera suspensión iniciada en julio permanece vigente desde entonces y hasta la fecha (diciembre de 2025), a la espera de que México logre contener la plaga.
La Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas (CNOG), presidida por Homero García de la Llata, a fines de 2025 detalló que la introducción excesiva de carne y la no exportación de ganado generaron pérdidas acumuladas por alrededor de tres mil millones de pesos. «Estamos pagando las consecuencias de una apertura sin control; hoy el ganadero pierde mercado y capital», advirtió el dirigente. El impacto se agravó por la importación de carne proveniente de países sin tratado comercial con México. Con datos de Aduanas, la CNOG informó que hasta octubre habían ingresado más de 100 mil toneladas de carne brasileña, con un cierre anual estimado cercano a 120 mil toneladas.

Para el sector, tal dinámica desplazó la producción nacional sin reflejarse en una baja real de precios al consumidor, como pretendía el PACIC, que permitió la importación de carne extranjera para abaratarla, sin embargo, presionó la rentabilidad de miles de ganaderos (700 mil de la cadena productiva) al encender las alertas sanitarias y comerciales. A estos desafíos se sumó un costo persistente y poco visible: la inseguridad carretera: Robos de carga, retrasos y mayores primas de seguro encarecieron la logística y afectaron el traslado de granos, ganado y alimentos procesados, particularmente en picos de cosecha, erosionando márgenes en toda la cadena agroalimentaria, alarma y pa- ros que cesaron ante el compromiso del Gobierno Federal de aplicar mayor seguridad y tecnología contra los ilícitos carreteros.


