Pequeños cambios en las calcomanías para frutas pueden reducir plásticos, cumplir regulaciones y responder a la presión del consumidor

Por Amado Vázquez Martínez

Ciudad de México, 14 de diciembre de 2025.- La sostenibilidad ya no se juega sólo en cajas, mallas o bandejas. Hoy, incluso las etiquetas o calcomanías que van adheridas a frutas y hortalizas se perfilan como una de las soluciones más inmediatas para reducir plásticos de un solo uso en la cadena agroalimentaria, como advierte un estudio de Sinclair, que analiza la transición del sector hacia etiquetas compostables certificadas como parte del futuro del envasado hortofrutícola.

De acuerdo con el análisis, la industria enfrenta una presión creciente de consumidores y reguladores para disminuir residuos plásticos que terminan en vertederos, ríos y océanos. «La sostenibilidad ya no es un valor agregado; es una expectativa básica del mercado», señala el estudio, al subrayar que el envasado tradicional sigue siendo una fuente relevante de contaminación ambiental.

El problema se agrava porque el reciclaje no ha sido suficiente para contener el impacto. En la Unión Europea, en 2023 se recicló 42.1% de los residuos de envases plásticos, mientras que en Estados Unidos la tasa de reciclaje de envases apenas alcanza 13.3%, y el reciclaje total de plásticos ronda 8.7%.«El reciclaje por sí solo no resolverá el problema del plástico», advierte Sinclair, debido a la complejidad de los materiales y a los costos asociados.

«Las etiquetas compostables para frutas son una innovación pequeña, pero con un impacto directo en la reducción de plásticos de un solo uso en el sector agroalimentario».

En ese contexto, las etiquetas compostables certificadas surgen como una alternativa práctica, escalable y de bajo impacto operativo. Modelos como el Sinclair T55, certificados para compostaje doméstico e industrial, pueden degradarse junto con los residuos orgánicos sin dejar restos dañinos. «Es una innovación pequeña, pero con un impacto desproporcionadamente grande en la reducción de plásticos de un solo uso», destaca el estudio.

El análisis también pone énfasis en el cambio de comportamiento del consumidor. Datos citados por Sinclair muestran que más del 70% de los consumidores se dicen preocupados por que los envases alimentarios terminen en océanos o vertederos, y que en frutas y hortalizas la compostabilidad y reciclabilidad ya figuran entre los atributos más valorados, junto con el precio y la calidad.

Además del beneficio ambiental, la adopción de estas etiquetas permite a productores y comercializadores anticiparse a nuevas regulaciones, cada vez más estrictas en mercados clave. “Adoptar etiquetas compostables hoy ayuda a adelantarse a los marcos normativos y a evitar ajustes costosos en el futuro”, concluye Sinclair.

En la UE, en 2023 se recicló 42.1% de residuos de envases plásticos (vs 38.2% en 2013).
En EE. UU., la tasa nacional de reciclaje de envases plásticos es de 13.3% (y el reciclaje total de plásticos ronda 8.7%).

En un sector donde cada detalle suma, las calcomanías compostables para frutas dejan de ser un elemento menor para convertirse en una decisión estratégica, alineada con la economía circular, la competitividad comercial y las nuevas exigencias del consumidor global.

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