El ex gobernador de Jalisco apunta que el deterioro del campo no es casualidad sino resultado de una política equivocada que desmanteló los programas productivos y la banca rural.

Por Amado Vázquez Martínez

“El campo mexicano vive una crisis profunda y cada día va de mal en peor”, asevera el exgobernador de Jalisco y hoy senador de la República, Francisco Ramírez Acuña, quien habla sin rodeos con la autoridad de quien ha gobernado un estado eminentemente agropecuario y conoce de cerca la realidad del sector rural.

El senador, quien encabezó el Ejecutivo de Jalisco de 2001 a 2007 y secretario de Gobernación en el gabinete del presidente Felipe Calderón, asegura que el deterioro no es casualidad sino resultado de una política equivocada que desmanteló los programas productivos, eliminó la banca de desarrollo rural y dejó al agricultor “a merced del coyote y los prestamistas, que hoy cobran hasta 30% de interés”.

EN TRIBUNA

Apenas dos días antes de esta conversación del día 16 de octubre, Ramírez Acuña subió a la Tribuna del Senado para denunciar lo que llamó “la inviabilidad económica del maíz mexicano”, intervención en la que advirtió que los productores venden toneladas entre 4,000 y 5,000 pesos por hectárea, pero hoy cobran hasta 5 mil en la tonelada a cinco mil.

Esto les deja «cero utilidad y total frustración», ante lo cual propuso restablecer un precio de garantía de siete mil 200 pesos por tonelada, cifra que –dijo– apenas permitiría subsistir a los campesinos de todo el país. Apunta que los programas actuales «solo benefician a pequeños productores, dejando fuera a quienes abastecen el maíz blanco con el que se hace la tortilla». «Estamos hablando del alimento básico del país –recalcó–, pero el gobierno parece decidido a dejar morir a quienes lo producen».

México, insistió el legislador, vive hoy unrécord de importaciones agrícolas: «Antes importábamos 16 millones de toneladas de maíz; hoy tenemos que comprar entre 20 y 25 millones, la mitad del consumo nacional y lo más grave es que hasta maíz blanco estamos trayendo del extranjero, cuando eso debería de ser nuestro orgullo productivo».

DEPENDENCIA Y CONTRADICCIÓN

Para Ramírez Acuña, esa situación es el reflejo de un modelo de abandono: «El gobierno habla de autosuficiencia alimentaria, pero nos prohíbe sembrar maíz transgénico mientras compra toneladas de ese mismo grano a Estados Unidos y Sudamérica. Es una contradicción total y una competencia desleal para nuestros agricultores». El senador sostiene que el país perdió rumbo cuando se desmontaron las herramientas que daban certidumbre a la producción: las coberturas, la agricultura por contrato y el financiamiento directo.

«Con Alberto Cárdenas y con Paco Mayorga –recordó– logramos impulsar el FARAJAL, un programa que garantizaba precios y estabilidad en la producción y comercialización del maíz, modelo que funcionaba porque el productor sabía que podía sembrar y vender sin miedo… Hoy, todo eso desapareció».

Ramírez Acuña subraya que la desaparición de la Financiera Rural fue el golpe más duro para el campo mexicano: «Es absurdo –dijo–, tan absurdo como cuando eliminaron el Fonden. El crédito agropecuario era el oxígeno del campo, pero sin él, el productor tiene que recurrir a prestamistas, a coyotes que cobran intereses del 30 %. Así no se puede sembrar».

SEMBRAR CONFIANZA

«El campo no aguanta más», sentencia el senador con voz firme. No es una frase de protesta, sino de diagnóstico, dice el exgobernador jalisciense, para apuntar que la reconstrucción del campo mexicano pasa por devolverle tres elementos básicos: crédito, certidumbre y agua.

«El productor sabe trabajar –afirma–, lo que necesita es que el Estado le devuelva la confianza, pues los campesinos han demostrado que pueden sacar adelante al país si se les dan herramientas reales, no dádivas electorales». Recuerda que la desaparición de 27 programas productivos el sexenio pasado dejó sin apoyo a los agricultores que sostenían las cadenas del maíz, el trigo, el sorgo y la ganadería.

«Los eliminaron de un plumazo y ahora los campesinos están solos, enfrentando precios, sequías y deudas sin respaldo». Para él, la solución no es inventar programas nuevos, sino rescatar lo que funcionaba: la agricultura por contrato, los precios de garantía reales y un sistema financiero rural transparente. «Hay que reactivar la banca agropecuaria –reitera–. Si no hay crédito, no hay cosecha. Es el dinero bien aplicado el que multiplica la producción y mejora la calidad de vida del campesino».

FINANCIAR PARA PRODUCIR

Ramírez Acuña compara el financiamiento rural con el pulso económico del país. «Cuando se cerró la Financiera Rural, se cortó el flujo vital del campo. Hoy los productores están hipotecando su futuro con créditos informales, mientras el gobierno presume apoyos que no resuelven nada».

A su juicio, debe existir una banca mixta, con participación del Estado, de la iniciativa privada y de las organizaciones agrícolas, como se hacía con el FARAJAL, que impulsaron en Jalisco el exgobernador Alberto Cárdenas Jiménez y el titular de agricultura Francisco Mayorga. «Aquello funcionaba –rememora– porque el agricultor tenía acceso a crédito con tasas razonables y podía planear su siembra.

No era regalo, era inversión productiva», recuerda el extitular del ejecutivo estatal. El senador considera que México puede recuperar su autosuficiencia si combina financiamiento, tecnología y apertura al conocimiento científico. «No podemos cerrarnos al mundo enfatiza–. Si los demás países producen con biotecnología y con transgénicos seguros, ¿por qué nosotros no? Lo que se requiere es ciencia, no ideología».

AGUA EN DISPUTA

Otro punto que preocupa al legislador es la nueva Ley de Aguas, que –dice– «entrega el control de los derechos hídricos al criterio político del gobierno». «Ahora, además de quitarles el crédito, pretenden quitarles el agua. ¿Qué vamos a producir sin agua? El campo no se riega con discursos», afirma. Explica que miles de productores están en riesgo de perder sus concesiones o ver limitados sus volúmenes, lo que –en su opinión– «es un golpe directo a la soberanía alimentaria y a la justicia rural», opina Ramírez Acuña.

El exgobernador recuerda que, en su administración, Jalisco impulsó obras hidráulicas que transformaron zonas áridas en regiones productivas, y propone un programa nacional de infraestructura hídrica con base en captación de lluvia, eficiencia de riego y gestión comunitaria del agua.

«No se trata de politizar el agua –aclara–, sino de administrarla con visión técnica. Si el gobierno centraliza las decisiones, los campesinos pierden su derecho natural a producir», afirma en relación a las reformas a la Ley de Aguas Nacionales.

«NO ESTÁN SOLOS»

Ramírez Acuña asegura que los senadores de oposición seguirán acompañando a los agricultores que se manifiestan en todo el país.

«Los campesinos saben que aquí estamos y tenemos comunicación directa con ellos. No pueden venir todos al Senado, pero hemos acordado darles voz y respaldo desde la tribuna».

Reconoce que muchos productores de Jalisco se reunieron recientemente con autoridades de la Secretaría de Gobernación en busca de soluciones, y confía en que la presión social derive en un diálogo real. «Ojalá los escuchen, porque si el campo se detiene, se detiene México. No hay otra verdad más contundente que esa».

Su mensaje final es una mezcla de gratitud y compromiso: «A mis amigos campesinos, especialmente a los jaliscienses expresa–, les reitero mi apoyo. Así como los acompañé siendo gobernador, los seguiré acompañando ahora desde el Senado. El campo merece respeto, apoyo y futuro».

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