México puede avanzar en algunos sectores como en frutas y hortalizas, pero en granos, azúcar y ganado el panorama es complicado, afirma el analista alimentarios de Rabobank
Por Amado Vázquez Martínez
El agro mexicano se encuentra en una encrucijada marcada por la volatilidad de los precios internacionales, la presión de los mercados externos y el inicio de la revisión del T-MEC, a lo que se suman presiones arancelarias y competencia por mercados, lo que avizora un panorama para el campo mexicano en 2026 donde resaltan logros exportadores, pero también desafíos estructurales relevantes.
En este escenario, la voz del economista Pablo Sherwell Cabello, líder de Análisis de Datos Alimentarios y Agrícolas para Norteamérica de Rabobank Research, adquiere peso, pues nos cuenta en entrevistas realizadas tras Diálogos por el Campo de Tierra Fértil y el CIA 2025 su diagnóstico del agro mexicano.
Su análisis revela luces y sombras de un sector que combina logros exportadores con desafíos estructurales, las fortalezas y debilidades del campo mexicano en la actualidad y para el siguiente año.
Sherwell fue tajante: «De un día para otro, prácticamente se paga una cuota compensatoria del 17% al tomate. Con esos vaivenes, más los precios mínimos que luego se imponen y se quitan, se genera muchísima confusión e incertidumbre a las empresas», frase que sintetiza el ambiente de desconcierto en el que se mueven productores, exportadores e industriales del agro.
ARANCELES Y T-MEC
El analista subrayó que, a diferencia de otros países, México goza actualmente de una posición privilegiada en el comercio agrícola internacional, pues sus productos entran sin aranceles en el marco de acuerdos comerciales vigentes, especialmente con sus socios del T-MEC.
Sin embargo, la incertidumbre domina el panorama: «Si vemos cómo está el esquema arancelario global, el único país que no está pagando aranceles, cuando menos en los productos de acuerdos comerciales, es México».
El contraste es evidente frente a Brasil, cuyas exportaciones de carne hacia Estados Unidos enfrentan aranceles de hasta 50%, diferencial que coloca a México en una situación competitiva temporal.
No obstante, la duda persiste: ¿qué ocurrirá si Washington decide eliminar esa protección a los brasileños o imponerla a los mexicanos? En ese tablero, las inversiones para ampliar la capacidad exportadora de carne mexicana quedan en pausa.
El arranque de las consultas para la revisión del T-MEC incrementa la tensión, pues Canadá ya inició conversaciones y Estados Unidos está por sentarse a la mesa, pero México, advierte Sherwell, «no puede llegar con improvisación» porque el agro corre el riesgo de convertirse en moneda de cambio».
Y mientras las negociaciones se acercan, la realidad comercial es clara: Estados Unidos aún es el gran mercado natural de México, no solo por la cercanía geográfica sino por una cadena logística profundamente integrada.
Esta integración ha permitido que hoy el consumidor estadounidense encuentre fruta fresca todo el año, algo impensable hace apenas dos décadas: «Mi esposa es de Estados Unidos y me dice que cuando era niña solo había fruta en ciertas temporadas».
«Ahora llega noviembre o enero y hay arándanos, fresas o aguacates en cualquier supermercado», comentó Sherwell, las cuales son mexicanas y detrás de esa transformación está el papel estratégico de México como proveedor confiable de frutas y hortalizas.

«Podemos avanzar en algunos sectores y en otros la situación viene complicada. Granos viene muy complicado, azúcar también, y para los ganaderos que estaban exportando será un año difícil. En cambio, frutas y hortalizas continúan con dinamismo, al igual que la agroindustria de bebidas, que pese a los aranceles sigue creciendo»: Pablo Sherwell, analista de Rabobank
CONSUMO CRECIENTE
El mapa del anaquel estadounidense confirma la fuerza exportadora de México: Arándanos, con importaciones que crecen alrededor de 18–20% anual, encuentran en nuestro país a su principal abastecedor: cerca de 98% de lo que compra EE. UU. llega de campos mexicanos.
Con las fresas se avanza con un patrón similar: el consumo familiar toca ya al 60% de los hogares y, en el renglón importado, prácticamente todo proviene de México; mientras que en tomate, nuestra participación ronda 95% del volumen importado por el vecino del norte.
«Si a frutas ya cotidianas para el consumidor norteamericano les cargas aranceles, el golpe se va directo al bolsillo», advierte la lógica de mercado expuesta por Sherwell. De ahí que la reciente cuota compensatoria de 17% al tomate y los “precios mínimos” –que van y vienen– generen ruido financiero, reconfiguren quién puede exportar y presionen los precios internos.
El caso del tomate lo ilustra: al encarecer el precio de entrada, el filtro eleva la vara de calidad y deja fuera a productores de cielo abierto, desplazando oferta al mercado doméstico a precios diferenciados.
MERCADO INMADURO
En aguacate, México sostiene el pilar del consumo estadounidense: 90–95% de las importaciones vienen de aquí y la demanda crece alrededor de 12% anual. «No es sencillo sustituir origen por origen:
«No es el mismo aguacate ni la misma calidad», dice, al hablar del aguacate de países como Perú y resume la experiencia de los empaques. La diversificación a Europa existe, pero allá la competencia está más fragmentada; nuestra ventana natural sigue siendo EE. UU.».
La explicación de fondo pasa por hábitos: el consumidor urbano privilegia portabilidad y atributos saludables y compartió un ejemplo relevante: Las berries se comportan como snack; los envases pequeños se ajustan a la agenda laboral y al refrigerador porque los consumidores ya no quieren fruta grande.
Y aun así, aproximadamente 30% de familias en EE.UU. compra berries de forma habitual: mercado inmaduro, con espacio por crecer, especialmente para Jalisco y el Bajío si consolidan trazabilidad, logística y promoción.
La otra cara del tablero es macrofinanciera. El tipo de cambio obligó a reorganizar contratos y coberturas: de 16 a casi 21 pesos por dólar y, después, estabilización alrededor de 18–19. La lectura operativa es clara: planear con coberturas, calce de flujos y cláusulas de ajuste por divisa.
Un peso relativamente fuerte y precios bajos en Chicago abaratan el maíz de importación, aliviando costos en proteína animal, pero aplastando márgenes del productor de maíz doméstico.
PELIGROSA BRECHA
El clima añadió su cuota. El ciclo Otoño–Invierno 24/25 arrancó con presas en Sinaloa casi secas, pero las lluvias recientes las llevaron cerca de 40%, aunque para un buen programa se requiere un 55%.
En el caso Chihuahua el llenado de presas ronda 40% y Sonora cerca del 30%, con riesgo de recortes en siembras como ocurrió este año, pero el impacto de la sequía ya se vio: Sinaloa pasó de unas 500 mil a 200 mil hectáreas de maíz en el último ciclo; en Sonora cayó la siembra de trigo cristalino a niveles tres veces inferiores al cultivo anual.
El saldo nacional apretó el balance: el maíz blanco bajó de unos 25 a 19 millones de toneladas; al mismo tiempo, la curva de importaciones rebasó la demanda pecuaria, que en términos operativos deja algo en claro: Ya no hay sobrante de blanco hacia pecuario y empieza a faltar para el consumo humano si no se levanta la producción o se corrige la logística de abasto.
En proteínas, 2025 llega con retos sanitarios: en lo avícola, la influenza sigue condicionando bioseguridad y costos; en porcino, los huecos productivos y nuevas variantes sanitarias elevan mortalidades en ciertas zonas.
«Los precios altos sostienen a la granja puntual, pero estresan al procesador y retrasan el ajuste de productores ineficientes», sintetiza el diagnóstico sectorial. En bovinos, el gusano barrenador encarece mover ganado libre al norte y presiona a los empacadores, pese a precios firmes en el retail estadounidense.
El tablero internacional tampoco espera: Brasil acelera su expansión: diversifica mercados en pollo y res, mientras que México, que antes no compraba res brasileña, ya importa 65 mil toneladas, casi lo mismo que EE. UU. (aproximadamente 75 mil).
Además, la dependencia exportadora de Brasil en pollo -cerca del 35% implica que, si su mercado interno se enfría, salta a otros destinos y México es muy apetecible: consumo creciente y logística probada.

«Planeen 2026 con un plan realista, porque será un año complejo en granos, logística y competencia. Nuevos jugadores entran al tablero: Perú, Colombia, Guatemala. México no puede quedarse pasivo; tiene que volverse más eficiente, productivo y organizado si quiere sostener su liderazgo agroexportador»:
Pablo Sherwell, analista de Rabobank
LAS OPORTUNIDADES
Del lado del consumidor, en EE. UU. la res permanece alta pese a precios récord por la moda de consumir carne para bajar de peso; mientras que el pollo y huevo llevan la batuta del crecimiento global, y México sostiene el consumo per cápita de huevo como líder mundial.
Los cambios de estilo de vida –incluido el auge de fármacos que favorecen dietas altas en proteína –empujan lácteos con proteína y cortes específicos, ante lo cual, para el exportador, el mensaje es inequívoco: hacer el corte que pide el cliente, contar la historia sanitaria y ambiental.
En casa, la canasta del mexicano sigue reacomodándose: mayor peso de cárnicos, huevo, frutas y hortalizas, mientras que el gasto en salud al alza, sostiene el experto en datos del campo mexicano.
La sensibilidad por lo «verde» crece: 64% considera muy importante que los alimentos sean sustentables, pero solo un 20% está dispuesto a pagar más, lo que obliga a comunicar mejor la trazabilidad y a ganar eficiencia para que la sustentabilidad no encarezca el ticket final.
HOJA EXIGENTE
Tras su más reciente exposición en el CIA 2025, Sherwell amplió sus conclusiones: «Si el productor trae márgenes muy apretados, lo que hay que estar checando es el crecimiento para el próximo año».
El año pasado fue muy malo en granos; en 2024–2025 tuvimos un ciclo de maíz, trigo o sorgo con caídas por arriba del 8%. Este año llovió más, pero eso no garantiza que venga una recuperación automática».
El analista también alertó sobre una contracción en el hato bovino y los retos en porcinos: «Traemos ahí temas de exportación, más el tomate y luego el barrenador. Habrá que ver qué pasa en el azúcar, porque enfrentamos sobreoferta y precios bajos… Creo que el campeonato mexicano lo ganan las frutas y hortalizas, y en particular las berries».
RECOMODO NECESARIO
Para Sherwell, es clave analizar el agro por subsector y no como bloque homogéneo. «Podemos avanzar en algunos sectores y en otros la situación viene complicada. Granos viene muy complicado, azúcar también, y para los ganaderos que estaban exportando será un año difícil. En cambio, frutas y hortalizas continúan con dinamismo, al igual que la agroindustria de bebidas, que pese a los aranceles sigue creciendo».
Sobre exportaciones, recordó que el agro mexicano ya alcanzó los 54 mil millones de dólares en 2024 y que 2025 podría cerrarse ligeramente abajo, en 51 mil millones, por la caída en ganado bovino y tomate.
«Lo importante es que México tiene negociadores con gran experiencia en tratados comerciales, pero más que renegociar al parejo con Estados Unidos, hay que pensar en cómo conformar bloque con Canadá y aprovechar la complementariedad productiva».
El economista recomienda a los productores pensar más allá de EE. UU.: «México está al 80 o 85% concentrado en ese mercado; en algunos productos como tomate o aguacate, prácticamente todo. Eso es un riesgo. Necesitamos diversificar mercados, operar con más eficiencia, manejar riesgos y trabajar en conjunto en gremios para fortalecer la competitividad».
El mensaje final fue contundente: «Planeen 2026 con un plan realista, porque será un año complejo en granos, logística y competencia. Nuevos jugadores entran al tablero: Perú, Colombia, Guatemala. México no puede quedarse pasivo; tiene que volverse más eficiente, productivo y organizado si quiere sostener su liderazgo agroexportador».


