
Ing. Luis Fernando Haro Encinas
Director General del Consejo Nacional Agropecuario
A pocos días de concluir este 2023, podríamos señalar que ha sido complicado para los productores del campo y para quienes son parte de la cadena productiva del sector agroalimentario nacional; partimos de los impactos que el cambio climático ha generado mediante la sequía, provocando daños en algunos cultivos como maíz, frijol , caña de azúcar y otros productos, sobre todo aquellos dependientes del temporal; asimismo el sector ganadero ha sido afectado por los agostaderos bajos en pastizales; incluso se pronostica que habrá una disminución de la superficie de siembra en el ciclo otoño – invierno 2023/2024 por el nivel bajo de agua en presas de uso agrícola y la falta de lluvia para poder sembrar y garantizar un desarrollo óptimo de los cultivos.
Asimismo, en este 2023 se han presentado daños por eventos climatológicos, como los huracanes «Lidia», «Norma» y los graves impactos de «Otis» en la costa guerrerense, que también impactaron de manera importante al sector agropecuario; desafortunadamente en esta administración se eliminaron los fideicomisos para la atención de desastres naturales, así como los apoyos que existían en programas de seguros catastróficos y del propio seguro agropecuario, que podrían haber ayudado a mitigar de alguna manera los impactos y resarcir las pérdidas a los productores agropecuarios y pesqueros.
También, en este año, la caída de los precios de los commodities agrícolas a nivel internacional derivó en problemas para la comercialización y muchos productores, ante la falta de programas de apoyo, presentarán pérdidas importantes; incluso en algunos casos hay productores que mantuvieron granos en reserva, con lo que ello conlleva en materia de costos financieros y de almacenamiento, con la expectativa de que los precios pudieran mejorar, lo cual no se ve factible.
La inseguridad es otra variable que está afectando el desarrollo de las actividades, y el sector agropecuario no es ajeno a ello: robos de mercancías, extorsiones, y cobros de piso son algunos de los principales delitos que están afectando el desarrollo de los negocios y las propias inversiones. Por otro lado, la inflación en varios productos e insumos utilizados para la producción de alimentos han mantenido un nivel alto, que afecta también la rentabilidad de los productores.
En algunas regiones del país y en algunas épocas del año se han estado presentado problemas de escasez de mano de obra, que impide realizar de manera adecuada las labores agrícolas, incluyendo la cosecha; incluso en algunos casos no se ha podido realizar esta última, con las pérdidas que esto implica.
La desaparición de la Financiera Nacional de Desarrollo es otro de los factores negativos para el desarrollo del sector, ya que, a pesar de los esfuerzos y el trabajo de otras Instituciones, como FIRA, y de algunos Gobiernos de los Estados, muchos productores no contaron con una fuente de financiamiento para poder trabajar de manera adecuada sus tierras y sus cultivos.
El tipo de cambio en este año es un factor que ha estimulado las importaciones, al abaratarlas y, por su parte, ha desestimulado las exportaciones agroalimentarias; no obstante, y curiosamente, ante el incremento en la demanda exterior de algunos productos, las exportaciones agroalimentarias han seguido creciendo y se estima que este 2023 estén en alrededor de los 55 mil millones de dólares, estableciendo un récord.
Para el 2024, se presentarán nuevos retos; partiremos de un presupuesto para el campo inercial, dirigido a pequeños productores, mediante los programas que este Gobierno ha implementado en esta administración y que no necesariamente estimulan la productividad y la modernización del campo.
Por su parte, las perspectivas del clima no son favorables y, para que la condición de sequía y los niveles de las presas puedan aumentar, tendrían que presentarse de manera generalizada lluvias extraordinarias que pudieran solventar el estrés hídrico con el que vivimos en la mayoría del territorio nacional.

El sector agroalimentario ha mostrado ser resiliente ante las adversidades y las embestidas; para el próximo año, los grupos radicales intentarán legislar en materia de la prohibición de plaguicidas; de imponer modelos agroecológicos; también legislar en el tema del agua y limitar a los productores; asimismo, continuarán presionando en la utilización del Glifosato y de la importación de maíces genéticamente modificados, por mencionar algunas iniciativas en contra del sector productivo.
En materia de comercio exterior, y de la relación con nuestros socios comerciales del T–MEC estará pendiente el resultado de la solicitud del establecimiento de un panel para solucionar la controversia con México en materia de biotecnología agrícola y, en particular, del maíz amarillo GM, tema que ha generado mucha incertidumbre en el sector productivo pecuario y agroindustrial desde diciembre del 2020, cuando se publicó el primer decreto de este tema.
Ante este entorno, es fundamental que las decisiones que puedan tomarse tengan el consenso y la opinión de los sectores productivos involucrados; que sean basadas en ciencia, así como en un análisis profundo y con la medición de sus posibles impactos. El gran reto que tiene la humanidad, y México no es la excepción, es garantizar el suficiente abasto de alimentos; atender la creciente demanda, y poder lograr una seguridad y autosuficiencia alimentaria adecuada, que permita al consumidor poder contar con alimentos suficientes, sanos y asequibles.
Se espera que el sector siga creciendo, a pesar de las condiciones desfavorables que pudieran llegar a presentarse; no hay que olvidar que vendrá un nuevo Gobierno en el Ejecutivo y un cambio en el Legislativo, lo que representa una oportunidad para poder establecer una nueva política pública para el sector; una política con visión de futuro; que reconozca las realidades que hoy en día vive el campo mexicano; que contemple las oportunidades que presenta el sector agropecuario y pesquero a lo largo y ancho del país; una política pública que promueva la inversión; que estimule las cadenas productivas; que modernice el campo, y que se enfoque a elevar la productividad, la sustentabilidad y que sea incluyente. Se requiere de redimensionar la importancia del sector agroalimentario, como un tema de seguridad nacional; que ponga en el centro a los productores, que son los que al final alimentan a toda la población.

