EL MONITOREO, EL DIAGNÓSTICO MOLECULAR, LOS DRONES Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL PERMITEN ANTICIPAR PROBLEMAS FITOSANITARIOS Y SUSTITUIR LA REACCIÓN TARDÍA POR DECISIONES SUSTENTADAS EN CIENCIA

Por Amado Vázquez Martínez / Tierra Fértil

Una planta enferma comienza a enviar señales mucho antes de que la parcela aparezca cubierta de manchas, marchitez o plantas muertas. El reto consiste en observarlas, interpretarlas correctamente y actuar cuando el problema todavía puede contenerse, no cuando la enfermedad ya destruyó la mitad del cultivo.

Ese cambio, de combatir a prevenir, es el centro del nuevo enfoque de la fitopatología expuesto por el doctor Ángel Rebollar Alviter. En entrevista con Tierra Fértil sostuvo que la sanidad de las berries depende cada vez menos de recetas generales y más del monitoreo permanente, diagnóstico preciso, análisis epidemiológico y manejo anticipado.

Rebollar Alviter es ingeniero agrónomo especialista en Parasitología Agrícola y maestro en Protección Vegetal por la Universidad Autónoma Chapingo; obtuvo el doctorado en Fitopatología por The Ohio State University. Es profesor investigador del Centro Regional Universitario Centro Occidente, en Morelia, e integrante del núcleo académico del Posgrado en Protección Vegetal de Chapingo desde 2008. Sus líneas comprenden diagnóstico, epidemiología y manejo integrado de enfermedades y plagas.

PREGUNTAR ANTES DE APLICAR

La primera pregunta suele ser sencilla: ¿por qué se enferman mis plantas? La respuesta exige método. Un síntoma puede ser causado por un hongo, bacteria o virus, pero también por calor, nutrición, falta de agua, daño químico o estrés ambiental.

Confundir las causas conduce a tratamientos inútiles y permite que el problema avance. Antes de aplicar un producto, el técnico debe observar si el daño aparece en una planta, por manchones, en una línea de riego o en toda la parcela.

Ese patrón ayuda a separar un problema biótico, provocado por un organismo vivo, de uno abiótico, relacionado con el ambiente o manejo. Después se formula una hipótesis y se comprueba mediante análisis. «No basta decir: puede ser esto. Es una hipótesis, la tenemos que comprobar siguiendo el método científico», explicó.

La fitopatología incorporó herramientas basadas en ADN para identificar patógenos. A ellas se suman drones, imágenes multiespectrales, sensores e inteligencia artificial capaces de encontrar anomalías inadvertidas en una inspección convencional.

Ninguna tecnología sustituye el recorrido. La imagen aérea puede señalar una zona sospechosa y el análisis molecular identificar al agente, pero la interpretación agronómica conecta el resultado con clima, riego, suelo y manejo.

OBSERVAR Y ACTUAR

«Lo más importante es observar siempre las plantas, recorrer la parcela y actuar a tiempo», resumió el investigador. La vigilancia debe ser sistemática y registrar los primeros focos, clima y aplicaciones.

Cuando aparece algo anormal, se debe delimitar el área, evitar la movilización de material contaminado y enviar muestras al laboratorio. Un especialista debe interpretar los resultados mientras todavía sea posible contener el foco.

Esperar una certeza absoluta antes de actuar también puede resultar costoso. La ciencia de datos y la exploración epidemiológica permiten reconocer tendencias y proponer medidas provisionales mientras continúa la investigación. El científico, dijo Rebollar, no puede pedir al agricultor que espere años cuando su inversión, empleo y familia dependen de la cosecha.

«Te tengo que dar algo porque tú, como productor, tienes una fuerte inversión ahí y no puedes esperar a que yo termine de investigar», afirmó.

CIENCIA Y EXPERIENCIA

El investigador no descarta el conocimiento empírico. Propone unirlo con evidencia científica. Una práctica puede ofrecer una pista valiosa, pero debe probarse para saber por qué funciona y si el resultado puede repetirse.

«Tenemos que fusionar ciencia con experiencia y darle soporte científico», señaló. La repetibilidad permite convertir una observación local en una herramienta que pueda recomendarse sin improvisación y reducir la dependencia de aplicaciones hechas por costumbre.

Esa relación entre academia y campo guía su trabajo en fresa, zarzamora, frambuesa y arándano. Ha estudiado Neopestalotiopsis rosae en fresa, marchitamiento de zarzamora por Fusarium y hongos de la madera en arándano.

En la entrevista recordó un problema desconocido que afectó a la industria de la fresa entre 2017 y 2022 y generó pérdidas por cientos o posiblemente miles de millones de pesos. Durante ocho o nueve años, investigadores, técnicos y productores reunieron evidencias, identificaron patrones y desarrollaron alternativas de manejo.

©2022 TIERRA FÉRTIL. Todos los Derechos Reservados.

Revista Octubre 2026

Síguenos en nuestras redes sociales:

Contáctenos:

tierrafertilmex@gmail.com

tierrafertilmex@gmail.com

tierrafertilmex@gmail.com

Aviso de privacidad
Declaración de accesibilidad

©2022 TIERRA FÉRTIL. Todos los Derechos Reservados.