
Ing. Luis Fernando Haro Encinas
Director General | Consejo Nacional Agropecuario
Cuando se habla de autosuficiencia alimentaria se refiere a la capacidad de un país, región o comunidad para producir lo suficiente de sus propios alimentos para satisfacer las necesidades de su población y la verdad es que no conozco ningún país que pueda ser autosuficiente en todas las necesidades de alimentos para su población y es por ello que potencias en la producción mundial de alimentos como lo son Estados Unidos, China, India, Brasil, Rusia o Argentina tienen que importar algunos alimentos para cubrir las necesidades de su población, considerando que en algunos productos sí satisfacen la demanda interna y se convierten en exportadores de sus excedentes.
La autosuficiencia alimentaria es una estrategia clave en la nueva política agrícola señalada por la actual administración; esta estrategia implica avanzar en una mayor producción interna de granos, en particular maíz, frijol, trigo harinero y arroz; así como en leche, carne de res, cerdo, pollo y pescado; más sin embargo los programas de apoyo que actualmente se tienen implementados ( producción para el bienestar; precios de garantía; fertilizantes; fomento a la agricultura, ganadería, pesca y acuicultura; Precios de Garantía; Bienpesca; Abasto Rural y Abasto Social de Leche) tienen un enfoque más asistencial, dirigido a muy pequeños productores y no necesariamente a elevar la productividad y rentabilidad de los actuales beneficiarios de estos programas, es por ello que la política para el campo no se ha visto reflejada en un aumento en la producción alimentaria y mucho menos en la autosuficiencia alimentaria en los productos básicos que se señalan.
La realidad es que el crecimiento y dinamismo que ha mostrado el sector agroalimentario en general, no ha sido derivado de los cultivos, ni de los recursos asignados en programas de apoyo que tiene el actual Gobierno, sino más bien este crecimiento ha sido en cultivos hortofrutícolas, de la agroindustria y de la producción de proteína animal y sus derivados que están fuera de los programas de apoyo actuales.
Hoy podemos ver que en el tercer trimestre del 2023 el crecimiento del PIB de las actividades primarias (llámese sector agropecuario) es del 5%, aún con la sequía provocada por el cambio climático y por la sequía de recursos y apoyos al campo y a la producción general de alimentos, en donde siempre hemos señalado que todos los productores del campo son importantes, pequeños, medianos y grandes; la competencia no está entre productores nacionales, sino con productores de otros países.

Si realmente pretendemos disminuir la dependencia alimentaria en productos básicos, es necesario implementar un plan nacional y una política agrícola que considere varios factores, una verdadera banca de desarrollo para el campo, para que además de FIRA se pueda ampliar el financiamiento al sector , apoyos para elevar la productividad y rentabilidad del campo, mediante el uso de variedades mejoradas o de una mejor genética en los animales, el uso eficiente del agua mediante la tecnificación de los sistemas de riego, instrumentos para la administración de riesgos como la agricultura por contrato, el apoyo para la compra de coberturas o el seguro agropecuario; el uso de información climatológica y de nuevas tecnologías para el manejo integrado de plagas y enfermedades, la agricultura de precisión, la agricultura de conservación; asesoramiento para los pequeños y medianos productores, la capacitación y la integración en las cadenas productivas.
Las importaciones de granos y oleaginosas al mes de noviembre registran un nuevo récord con 37.4 millones de toneladas, que representan un 8.8% más que lo importado a ese mes en el 2022; el volumen récord de compras de maíz de enero a noviembre de este año superan los 18.2 millones de toneladas versus 15.6 millones de toneladas importadas en ese mismo periodo del 2022, un aumento del 16.9% ; para el caso del trigo se tiene un incremento en las importaciones del 6.9% y para el caso de frijol se registra un nuevo récord en las importaciones de 263 mil toneladas.
Las perspectivas para el 2024 no son nada alentadoras, se prevé, por la sequía, una disminución en la superficie y en la producción de algunos cultivos; asimismo el presupuesto para el campo aprobado contempla los mismos programas de apoyo que no tienen un enfoque para incentivar una mayor producción y con ello poder lograr un aumento en la autosuficiencia alimentaria o al menos una disminución en la dependencia alimentaria y claramente va en aumento, pues solo para el caso de maíz se estima que para el 2024 la importación ronde los 22 millones de toneladas.
Es claro que se requiere de una nueva visión y una nueva política para el campo mexicano, una política que revalore la importancia que debe tener la producción de alimentos y de quienes se dedican a alimentarnos; una nueva política cuyo enfoque sea a modernizar nuestro campo, hacerlo más productivo y sustentable; se requiere una nueva visión de un campo más incluyente, que pueda aprovechar las oportunidades de desarrollo a lo largo y ancho del país y que logre atender la creciente demanda y el abasto suficiente de alimentos sanos, de calidad y accesibles para toda la población.

