La orden ejecutiva busca fortalecer la rentabilidad del campo estadounidense con nuevos mercados para biocombustibles, mejores prácticas de conservación y reducción de costos de producción

Por Amado Vázquez Martínez

Washington, D.C., 23 de julio de 2026.— La agricultura regenerativa dejó de ser únicamente una tendencia para convertirse en política pública en EUA, ya que el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva para impulsar este modelo de producción, mientras que el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) anunció una nueva norma que permitirá a miles de agricultores obtener mayores ingresos al incorporar voluntariamente prácticas regenerativas vinculadas al mercado de los biocombustibles.

La estrategia, presentada por la secretaria de Agricultura, Brooke L. Rollins, luego de la firma en el pasado mes de junio, pretende que los productores reciban beneficios económicos por mejorar la salud de los suelos, reducir la intensidad de carbono de sus cultivos y participar en un sistema de certificación que facilite la comercialización de materias primas destinadas a la creciente industria de los combustibles renovables.

El mercado como incentivo

A diferencia de otros programas ambientales basados en obligaciones regulatorias, la nueva política estadounidense apuesta por mecanismos de mercado, ya que la administración Trump sostiene que los agricultores decidirán de manera voluntaria adoptar prácticas regenerativas porque éstas podrán traducirse en mejores precios para sus cosechas, menores costos de producción y una mayor rentabilidad de largo plazo.

Entre las prácticas consideradas destacan la utilización de cultivos de cobertura, una mejor gestión de nutrientes, la labranza reducida y la siembra directa, técnicas que favorecen la conservación del suelo y disminuyen las emisiones asociadas a la producción agrícola.

«La norma de materias primas regenerativas devuelve el control a los agricultores, no a los burócratas de Washington», afirmó la secretaria Brooke Rollins al presentar el nuevo esquema.

Nueva norma del USDA

La Norma de Materias Primas Regenerativas establece un marco para incorporar maíz, soya, sorgo y canola de primavera a la cadena de suministro de biocombustibles mediante criterios de trazabilidad y sostenibilidad.

El nuevo sistema contempla la medición de la intensidad de carbono de cada cultivo a nivel de parcela, mecanismos de trazabilidad durante toda la cadena de suministro, auditorías independientes y estándares específicos para verificar la adopción de prácticas regenerativas.

Como complemento, el USDA pondrá en operación una versión actualizada de la Calculadora de Intensidad de Carbono de Materias Primas, herramienta que permitirá a los productores cuantificar el impacto ambiental de sus sistemas de producción y utilizar esa información al momento de comercializar sus cosechas.

Miles de millones de dólares en juego

La administración estadounidense considera que el nuevo marco regulatorio permitirá canalizar miles de millones de dólares hacia el sector agrícola conforme crezca la demanda de materias primas para la industria de los biocombustibles.

Actualmente, Estados Unidos destina alrededor de seis mil millones de bushels de maíz cada año para producir etanol, mientras que cerca de mil 800 millones de bushels de soya se utilizan en la elaboración de biocombustibles.

De acuerdo con el USDA, el 68% de los productores de maíz y el 70% de los agricultores de soya ya aplican al menos una práctica regenerativa, por lo que la nueva regulación busca convertir esas acciones en una ventaja económica dentro del mercado.

Continuidad de una estrategia

La orden ejecutiva también fortalece el Programa Piloto de Agricultura Regenerativa del USDA, mediante el cual el gobierno estadounidense ha destinado alrededor de 700 millones de dólares para promover prácticas de conservación del suelo, mejorar la calidad del agua y elevar la productividad agrícola.

Como resultado de este programa se han elaborado más de 67 mil planes integrales de conservación, que abarcan más de 49 millones de acres y más de mil 500 contratos de conservación con inversiones superiores a 200 millones de dólares.

Con esta nueva política, la administración Trump busca consolidar una agricultura más rentable y competitiva, respaldada por incentivos económicos y por la expansión del mercado de los biocombustibles, al tiempo que fortalece la independencia energética y la producción agroalimentaria de Estados Unidos.

DATO

Estados Unidos produce cada año alrededor de 6 mil millones de bushels de maíz destinados a la fabricación de etanol y 1,800 millones de bushels de soya para biocombustibles.

DATO

El 68% de los productores de maíz y el 70% de los productores de soya ya utilizan al menos una práctica de agricultura regenerativa, según cifras del USDA.

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