Por Amado Vázquez Martínez
Desde la Secretaría de Desarrollo Energético Sustentable, se impulsa ampliar la generación eléctrica y cambiar su lógica: producir energía con menor impacto ambiental junto con el sector rural
En los Altos de Jalisco, donde convergen la ganadería, el agave y la agroindustria, los desechos del campo comienzan a transformarse en energía a través de biodigestores que aprovechan residuos orgánicos desde excretas pecuarias hasta subproductos agrícolas, con el estado como impulsor de un modelo que convierte un problema ambiental en una solución productiva: generar bioenergía limpia junto con agroindustrias jaliscienses.
Ese es el eje de la nueva política energética estatal: generar energía limpia desde el propio campo y en ese camino, la colaboración con empresas como Brimex se ha convertido en un referente nacional.


Desde la Secretaría de Desarrollo Energético Sustentable, encabezada por Manuel Herrera Vega, se impulsa una estrategia que no solo busca ampliar la capacidad de generación eléctrica, sino cambiar la lógica del sistema energético: producir localmente, con menor impacto ambiental y con participación directa del sector agropecuario.
La entidad enfrenta actualmente un déficit energético estructural cercano al 30% en términos de consumo eléctrico, lo que implica que una parte significativa de la energía utilizada en el estado debe importarse desde otras regiones del país. En términos de volumen, este desbalance se ha estimado en el orden de 4 terawatts-hora (TWh), con requerimientos adicionales de capacidad cercanos a 350 megawatts (MW) para sostener el crecimiento de la demanda, particularmente en sectores industriales y agroalimentarios.
Esta condición limita la atracción de inversiones y presiona la competitividad del estado, al depender de suministro externo para cubrir su dinámica productiva.
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