A nivel global, los fertilizantes nitrogenados han registrado alzas que oscilan entre 13 % y 50 % en las últimas semanas
Por Erick Lobo / Consultor internacional, conferencista y analista senior data-driven
El incremento en los precios de los fertilizantes se ha convertido en uno de los principales factores de presión para el sector agrícola mexicano en este primer trimestre de 2026. Se trata de un ajuste que combina tensiones geopolíticas, encarecimiento energético y una alta dependencia de insumos importados.
La evidencia reciente muestra incrementos relevantes. A nivel global, los fertilizantes nitrogenados han registrado alzas que oscilan entre 13 % y 50 % en las últimas semanas, en línea con el comportamiento observado en el índice de precios de fertilizantes de la FAO y reportes de mercado internacional.
En México, la urea ha pasado en algunas regiones de alrededor de nueve mil pesos por tonelada a rangos de 12 mil a 13 mil pesos, según monitoreos regionales y análisis del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA).

La evolución reciente del precio internacional de la urea (principal fertilizante nitrogenado utilizado en cultivos básicos) ilustra con claridad este cambio de tendencia.
El comportamiento reciente confirma que el incremento no es aislado, sino parte de una nueva fase de presión en los costos de insumos agrícolas.
Los factores estructurales
Detrás de este movimiento existe un factor estructural. La producción de fertilizantes nitrogenados depende directamente del gas natural, lo que convierte a los energéticos en un determinante central de sus costos. A esto se suma un entorno geopolítico complejo. Las tensiones en el Medio Oriente, particularmente en rutas estratégicas como el Estrecho de Ormuz, han elevado la incertidumbre sobre el suministro global.
Un elemento adicional es la concentración geográfica de la producción. De acuerdo con análisis de Itaú BBA, el Medio Oriente concentra más del 40 % de las exportaciones globales de urea, alrededor del 30 % del comercio de amoníaco y una proporción relevante de fertilizantes fosfatados. Esta concentración implica que cualquier disrupción en la región tiene efectos directos sobre precios y disponibilidad a nivel internacional.
Este entorno de presión internacional se refleja en incrementos diferenciados entre los principales fertilizantes utilizados en la producción agrícola. Insumos como la urea, el DAP y el sulfato de amonio muestran variaciones distintas en magnitud, aunque la dirección es común: todos al alza.
La variación entre insumos confirma que el encarecimiento no es homogéneo, pero sí generalizado dentro del sistema productivo agrícola.
Traslado a precios de alimentos
Desde una perspectiva macro, el efecto no se detiene en el productor. El Banco de México ha señalado en sus reportes de inflación que los costos de insumos agropecuarios tienden a trasladarse de manera gradual a los precios de alimentos, con rezagos de uno a dos ciclos agrícolas, lo que anticipa presiones adicionales en productos básicos.
La FAO documenta una dinámica similar en el ámbito internacional, lo que refuerza la preocupación sobre el comportamiento de los precios finales en el mediano plazo.

En el caso de México, el problema adquiere una dimensión estructural. El país importa más del 60 % de los fertilizantes que utiliza, de acuerdo con datos de SADER y SIAP, lo que expone directamente a choques externos en precios, logística y disponibilidad. Esta dependencia limita la capacidad de amortiguar incrementos en momentos de volatilidad internacional.
En este contexto global y nacional, el impacto en estados agrícolas clave como Jalisco permite observar con mayor claridad las implicaciones operativas del encarecimiento de insumos. En la entidad, cultivos como maíz, sorgo y caña de azúcar enfrentan una presión creciente en sus costos de producción, donde los fertilizantes pueden representar entre el 30 % y 50 % del total.
Más incertidumbre para productores
Aunque el ciclo otoño-invierno 2025-2026 está en su fase final, la principal preocupación se concentra en el siguiente ciclo agrícola. El encarecimiento de insumos coincide con precios moderados de granos y condiciones climáticas variables, lo que reduce los márgenes y aumenta la incertidumbre para los productores.

Ante este entorno, la prioridad para el productor se define en una sola dirección: gastar mejor, no necesariamente gastar más. La optimización en el uso de fertilizantes, la planeación anticipada de compras y la adopción gradual de tecnologías de precisión se convierten en factores determinantes para sostener la rentabilidad
Agricultura de precisión e IA
Herramientas como la agricultura de precisión y el uso de inteligencia artificial permiten ajustar dosis por zona de cultivo, mejorar la eficiencia en la aplicación y reducir desperdicios con base en datos de suelo y rendimiento histórico.
En un contexto de insumos caros, una reducción del 10 % al 15 % en el uso de fertilizantes (alcanzable con estas tecnologías) puede significar varios miles de pesos por hectárea en ahorro directo.
El alza en fertilizantes no es un episodio aislado: anticipa que el costo de producir en el campo mexicano ya no depende solo del clima o del mercado, sino de variables globales que están fuera de control del productor. Entender ese cambio, más que resistirlo, será la diferencia en los próximos ciclos.
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