Una semilla pequeña, también llamada sésamo, tiene menor consumo de agua en el Valle del Yaqui, Sonora, por lo cual comienza a cobrar fuerza su cultivo
Por Amado Vázquez Martínez / Tierra Fértil
En el noroeste de México, donde el trigo ha sido duran-te décadas el rey del invierno, el verano impone silencio porque no hay agua suficiente, las lluvias son erráticas y los productores buscan alternativas que no comprometan el bolsillo y en ese contexto hídrico aparece el ajonjolí: una oleaginosa discreta, de semilla diminuta, pero con mercado específico y bajo costo de producción.
En el Valle del Yaqui, Sonora, el agrónomo y productor Jorge H. Castro Campoy, tercera generación de agricultores, decidió apostarle a este cultivo cuando comprendió que el modelo tradicional de rotación necesitaba un respiro. «El trigo nos ha dado identidad, pero también nos ha encajonado porque en verano no hay muchas opciones y el agua no alcanza», comenta.

Acostumbrado a producir trigo, maíz –incluido el sweet corn de exportación–, garbanzo y cártamo, Castro Campoy encontró en el ajonjolí una alternativa viable para suelos semiáridos y esquemas de riego limitado.
Un cultivo de temporal… con estrategia
El ajonjolí (Sesamum indicum) es tradicionalmente de temporal y en el noroeste se establece entre el 15 de junio y el 15 de julio, sobre humedad residual. «Le fascina la lluvia, pero no el encharcamiento», precisa el productor, acorde a las recomendaciones técnicas de universidades como la Universidad Autónoma Chapingo y el Instituto Nacional de
Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias que coin-ciden en que el cultivo prefiere suelos franco arenosos, bien drenados.
Este cultivo tolera sequía moderada, pero no soporta ex-ceso de humedad y su ciclo promedio es de 110 a 120 días, dice Castro Campoy y explica que en sus primeros años de-pendió exclusivamente de la lluvia y el resultado fue variable: un año excelente con rendimientos superiores a 1,300 kg/ha; otro, sin precipitaciones, terminó en números rojos.

«Decidí no esperar milagros. Si consigo cuatro mil me-tros cúbicos por hectárea, me animo», relata.
Hoy maneja una lámina aproximada de 25 centímetros acumulados: riego de siembra más uno de auxilio y añade que en cuanto a rendimiento, el promedio nacional ronda entre los 700 y 800 kg/ha, pero con manejo técnico adecuado puede superarse esa cifra.
Manejo agronómico: precisión de la semilla
La semilla es extremadamente pequeña y el establecimiento es delicado «procuramos que la tierra quede muy, muy mullida, si no, batallas desde el inicio», dice.
Luego apunta que la preparación final del terreno es clave, pues puede sembrarse en plano o en camas. Castro Campoy optó por camas de 1.52 metros con doble hilera, lo que mejora el control del agua por trasporo y evita encharcamientos.
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