Mientras México desacelera a 0.8% en 2025, el sector primario destaca como ancla del crecimiento económico del país, de acuerdo a datos oficiales del INEGI, comenta el analista Erick Lobo
Por Erick Lobo*
Consultor internacional, conferencista y analista senior data-driven
En los datos recientes de la economía mexicana comienza a dibujarse un patrón que merece atención. Más allá de la volatilidad de corto plazo, el ritmo de crecimiento se ha venido debilitando de forma persistente.
En 2025, el PIB acumuló un avance de apenas 0.79% (redondeado a .8%). Con este resultado, la economía hila cuatro años consecutivos de desaceleración, un fenómeno inédito en los registros estadísticos que datan de 1980 (INEGI, 2026).
Producto Interno Bruto de México, variación anual real 2019–2025

La lectura de los datos obliga a separar narrativa de evidencia. México no está en recesión técnica, pero sí en una fase clara de enfriamiento económico. Después del rebote pospandemia de 2021, la actividad ha ido perdiendo tracción de forma progresiva. El crecimiento fue de 3.7% en 2022, 3.1% en 2023, 1.1% en 2024 y finalmente 0.8% en 2025 (INEGI, series anuales del PIB).
Campo como amortiguador del ciclo
Dentro de este panorama de bajo dinamismo emerge un actor con fortaleza relativa. Las actividades primarias —que incluyen agricultura, ganadería, silvicultura, pesca y caza— registraron en el cuarto trimestre de 2025 un crecimiento anual de 7.8% en términos reales, uno de los desempeños más sólidos de los últimos años (INEGI, PIB por actividad económica). En contraste, en su medición trimestral desestacionalizada mostraron una contracción de −1.4%, reflejo de la volatilidad propia del sector.
El IGAE de diciembre de 2025 registró además un crecimiento interanual del primario cercano a 11.4%, muy por encima del promedio de la economía (INEGI, Indicador Global de la Actividad Económica). En un entorno de enfriamiento general, el campo está evitando que la desaceleración sea más profunda.
Una lectura anual por grandes sectores confirma esta divergencia del ciclo económico. En 2025, mientras las actividades secundarias entraron en terreno negativo y los servicios moderaron su expansión, el sector primario se mantuvo como el componente más dinámico de la economía real (INEGI, Sistema de Cuentas Nacionales).

La evidencia anual del sector primario refuerza este comportamiento relativo.
Indicador Global de la Actividad Económica, actividades primarias, serie desestacionalizada y de tendencia-ciclo, índice 2018=100, enero de 2021 a diciembre 2025.

Conviene, sin embargo, mantener una lectura prudente. El sector primario no atraviesa un superciclo. La evidencia apunta a una expansión moderada con alta volatilidad intrínseca, propia de un segmento expuesto a factores climáticos, calendarios de cosecha y choques de precios.
El desempeño agrícola favorable 2025
El repunte de 2025 tiene causas identificables. En primer lugar, se observó un desempeño agrícola particularmente favorable. La información desagregada sugiere que la agricultura, más que el componente pecuario, explica la mayor parte del crecimiento reciente (INEGI, estructura de actividades primarias).
Esto refleja ciclos positivos en cultivos clave, mejores condiciones climáticas en ciertas regiones y una demanda externa que se ha mantenido relativamente firme en productos agroalimentarios.

En segundo término, el agro exportador mexicano continúa beneficiándose de su integración con el mercado estadounidense. Aun con la desaceleración industrial en América del Norte, la demanda de alimentos muestra menor elasticidad cíclica que la manufactura durable (USDA; SIAP). A ello se suma la competitividad logística de México en productos frescos hacia Estados Unidos, que sigue siendo un factor estructural de soporte (SIAP; Secretaría de Economía).
Como ancla empírica, conviene subrayar que el sector agroalimentario mexicano mantuvo superávit externo en 2025. Las exportaciones agroalimentarias superaron los 51 mil millones de dólares en 2025 y el sector mantuvo un saldo comercial positivo, lo que confirma su posición como uno de los pocos componentes estructuralmente superavitarios del comercio exterior mexicano (SIAP; Banxico).
En el frente externo, el sector primario exportador mexicano parte de una posición relativamente sólida. La orientación geoeconómica que comienza a perfilarse en Washington, centrada en resiliencia de cadenas de suministro y seguridad alimentaria regional, tiende en el margen a favorecer a proveedores cercanos y confiables.
México conserva ventajas estructurales relevantes, entre ellas la integración logística profunda con Estados Unidos, el superávit agroalimentario sostenido y una canasta exportadora con demanda relativamente inelástica al ciclo (SIAP; USDA). La política comercial estadounidense, no obstante, sigue siendo selectiva por producto y sensible a presiones domésticas, por lo que persisten riesgos de fricción regulatoria, fitosanitaria o comercial.
La debilidad fuera del campo
Aquí se ubica la clave macro del momento. El crecimiento de 0.8 % del PIB en 2025 refleja principalmente la debilidad de las actividades secundarias y, en menor medida, la moderación de los servicios (INEGI, PIB por actividad). Las manufacturas han enfrentado un entorno externo menos dinámico, con señales de enfriamiento en la demanda industrial de Estados Unidos y ajustes en inventarios globales (Reserva Federal; indicadores manufactureros de EE. UU.).
A ello se suma una inversión fija bruta que ha mostrado episodios de cautela, particularmente en el componente privado, en un entorno de tasas reales todavía restrictivas durante buena parte del año (INEGI, Formación Bruta de Capital Fijo; Banxico). Este menor dinamismo inversor ha contenido la tracción de la industria y la construcción.
En los servicios, el consumo interno continúa expandiéndose, pero a un ritmo más moderado que en la fase de reapertura pospandemia (INEGI, indicadores de consumo privado). El efecto base se ha diluido y la creación de empleo formal comienza a normalizarse (IMSS). Bajo este cuadro, el sector primario no explica la desaceleración de la economía mexicana en 2025; por el contrario, ha operado como amortiguador parcial frente a la pérdida de impulso del núcleo industrial y de inversión.
México entra en 2026 con una economía de bajo crecimiento, pero aún en movimiento. En este contexto, el sector primario emerge como uno de los principales estabilizadores del ciclo.
Para los líderes de agronegocios, la señal es clara. El campo mexicano conserva espacio de oportunidad, pero el entorno macro exige prudencia estratégica.
No estamos ante un boom agrícola, sino ante una fase donde la disciplina operativa, la eficiencia logística y la integración a mercados de alto valor serán los verdaderos diferenciadores.
En un México que se desacelera, la ventaja ya no será simplemente producir más, sino producir mejor, integrar mayor valor y leer con anticipación el nuevo mapa geoeconómico de América del Norte. Quien entienda esa transición no solo resistirá el enfriamiento del ciclo; estará en posición de capitalizar la siguiente fase de crecimiento.
*Consultor internacional, conferencista y analista senior data-driven. CEO de P&G Consulting (Ciudad de México) y de Eje Global LLC. (Miami, Florida). Especialista en inteligencia estratégica del entorno económico y político, y fortalecimiento organizacional. Cuenta con más de 30 años de experiencia profesional.


