En octubre de 2013 publicamos un artículo en el cual aparece nuestro director Andrés Canales Leaño y Conrado Vázquez Martínez, en aquel entonces responsable editorial de la Revista Tierra Fértil, conductor de televisión y reportero, mostrando los reconocimientos que obtuvieron a nivel lationoamericano como Mejor Programa de Televisión Agropecuaria y Mejor Reportero de Latinoamérica del ramo agropecuario.

Por Amado Vázquez Martínez

El mes de Octubre de 2013 quedó marcado como un punto de inflexión en la historia de Tierra Fértil: No fue solo el mes de una premiación, sino el momento en el que un proyecto editorial nacido lejos de las redacciones tradicionales, forjado en el contacto directo con el campo mexicano, logró reconocimiento internacional por su forma de contar la realidad agropecuaria, enmarcada en el realismo mágico del campo nacional.

La edición 118 de la revista dio cuenta de ello con un reportaje de fondo firmado por Raúl Torres Lugo, que hoy se vuelve documento histórico. En sus páginas aparecen Andrés Canales Leaño, director general de Tierra Fértil, y Conrado Vázquez Martínez, entonces coordinador editorial, conductor del programa de televisión y reportero de campo, sosteniendo los reconocimientos que acreditaban al medio como Mejor Programa de Televisión Agropecuaria y a su pe- riodista, Conrado, como Mejor Reportero Agropecuario de Latinoamérica.

DEL SUR DE JALISCO A LA AGENDA CONTINENTAL

El texto central, titulado «Del campo al periodismo», no era una nota de vanidad ni un perfil complaciente. Era un retrato humano y profesional de Conrado Vázquez Martínez, construido desde sus orígenes en el sur de Jalisco, particularmente en la comunidad de San Juan de Amula, donde el trabajo agrícola, la vida rural y la disciplina familiar marcaron su carácter.

La revista narraba cómo esa formación temprana entre el azadón, los animales, la milpa y la responsabilidad cotidiana se transformó con los años en una mirada periodística distinta: una que entiende al productor antes de juzgarlo, que pregunta antes de opinar y que camina el territorio an- tes de escribir una línea.

Ese bagaje explica por qué su ejercicio periodístico no se limitó a la nota informativa, sino que abarcó el reportaje, la investigación y la conducción televisiva, siempre con un hilo conductor: dar voz al campo y traducir su complejidad para públicos urbanos, tomadores de decisiones y audiencias ingro individual, sino el resultado de un proyecto colectivo liderado por Andrés Canales, con el que Tierra Fértil se consolidaba entonces como una multiplataforma: revista impresa, programa de televisión y espacio de análisis especializado, con una línea editorial definida y una identidad reconocible.

El reportaje subrayaba que el orgullo no provenía solo del galardón, sino de representar a México y a su sector agropecuario ante América Latina, demostrando que el periodismo rural puede ser profundo, crítico y técnicamente sólido. La figura de Andrés Canales Leaño aparecía como el eje de esa construcción editorial: un director que entendió des- de el inicio que el campo no debía ser tratado como un tema secundario, sino como un asunto estratégico para el desarrollo económico, social y alimentario del país.

MUCHO ORGULLO, PERO MAYOR RESPONSABILIDAD

El texto también abordaba el significado personal del re- conocimiento. Para Conrado Vázquez Martínez, el premio no era un punto de llegada, sino una confirmación de rumbo. El periodismo, como se explicaba en la nota, no se ejerce desde la comodidad, sino desde la congruencia entre lo que se escribe y lo que se vive. Esa visión se reflejaba en una frase recurrente del reportaje: servir al agricultor es servir a la nación.

No como consig- na, sino como principio ético: Informar bien al campo signi- fica contribuir a mejores decisiones, a políticas públicas más justas y a una sociedad que comprenda de dónde viene su alimento.

UN MOMENTO QUE MARCÓ HISTORIA

Hoy, a más de una década de distancia, la edición 118 de octubre de 2013 es un referente interno para Tierra Fértil. No solo por los premios obtenidos, sino porque consolidó una forma de hacer periodismo agropecuario que se mantiene vigente: trabajo de campo, especialización temática y compromiso con la verdad.

Las imágenes publicadas en aquella edición los reconocimientos en mano, la sonrisa contenida, el gesto sobrio quedaron como testimonio de una etapa, pero también como recordatorio de una responsabilidad que continúa: narrar al campo con respeto, profundidad y conocimiento.

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