Clima, sanidad y mercado redefinen el futuro de los cítricos en México, que este año tendrá una reducción en naranjas, limones, limas y toronjas, de acuerdo con USDA
Por Amado Vázquez Martínez
Ciudad de México, 19 de enero del 2025.- Para la temporada 2025/26, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos prevé una ligera contracción productiva, derivada principalmente de la caída en la producción de naranja, en un entorno marcado por sequía, lluvias extremas y enfermedades como el Huanglongbing; mientras que limones y limas consolidan su liderazgo exportador hacia Estados Unidos.
Un ajuste moderado, pero estructural
La citricultura mexicana no se desploma, pero sí se ajusta. Esa es la principal lectura que deja el Citrus Annual 2026, elaborado por la Oficina Agrícola del USDA en Monterrey, uno de los documentos de referencia más consultados por productores, exportadores, analistas y autoridades del sector agroalimentario.

Para el ciclo noviembre 2025 – octubre 2026, el USDA proyecta que la producción total de cítricos frescos en México –naranjas, limones, limas y toronjas– alcanzará 8.56 millones de toneladas métricas, lo que representa una disminución interanual de 0.4%.
A primera vista, el ajuste parece marginal, pero detrás del dato agregado se esconden tendencias divergentes entre cultivos, regiones y destinos de mercado que están reconfigurando el mapa citrícola nacional.
Naranja: más superficie, menos fruta
La naranja, que históricamente ha sido el pilar de la citricultura mexicana, es el cultivo que arrastra la caída general. Para la temporada 2025/26, el USDA estima una producción de ~4.7 millones de toneladas métricas, lo que implica una reducción de 2.8% respecto al ciclo previo, pese a que la superficie plantada creció 0.97%, hasta 356,800 hectáreas
Este desacople entre superficie y producción refleja un fenómeno cada vez más común en el campo mexicano: sembrar más no garantiza cosechar más.
Durante octubre de 2025, las tormentas tropicales Raymond y Priscilla provocaron inundaciones en huertos ubicados cerca de riberas, particularmente en Veracruz, el principal estado productor. A estos eventos se suman años consecutivos de sequía, olas de calor extremo y lluvias erráticas, que han deteriorado los rendimientos y la calidad externa del fruto.
Veracruz, el termómetro citrícola del país
No es casual que el informe del USDA ponga especial atención en Veracruz. En 2024, esta entidad concentró 48.6% de la superficie nacional de naranja, seguida por Puebla (10%), Tamaulipas (10%), San Luis Potosí (9%) y Nuevo León (7%)

Lo que ocurra en Veracruz define el rumbo de la naranja mexicana. Aunque algunos productores tecnificados han logrado mantener tamaños y contenidos de jugo aceptables mediante riego, el impacto de las enfermedades —en particular el Huanglongbing (HLB)— sigue mermando la productividad y elevando los costos de manejo.
Menos jugo, más mercado fresco
Uno de los efectos colaterales de esta coyuntura es el cambio en el destino de la fruta. El USDA estima que la producción de jugo de naranja concentrado congelado (FCOJ) caerá a ~85,000 toneladas métricas, una reducción cercana a 2%, debido a la menor disponibilidad de naranja para procesamiento y a la calidad inconsistente del fruto
Tradicionalmente, entre 40% y 42% de la producción de naranja se destinaba a la industria. Hoy, esa proporción se reduce, ya que los precios del mercado fresco resultan más atractivos para los productores, reconfigurando la cadena de valor.


