El término «chile silvestre» se refiere a todas las poblaciones naturales de Capsicum distribuidas en México: chiles pequeños, redondos, sumamente picantes, que crecen en matorrales, laderas y zonas semiáridas desde Sonora y Sinaloa hasta Colima, Oaxaca y la Huasteca

Por Amado Vázquez Martínez / Revista Tierra Fértil

Cuando uno recorre la historia agrícola de México, hay una planta que arde más allá del gusto y de la gastronomía: el chile, un cultivo domesticado por manos mesoamericanas desde hace más de ocho mil años, convertido en símbolo cultural, patrimonio genético y motor económico.

En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Tierra Fértil conversó con el doctor Sergio Hernández Verdugo, investigador y académico, quien presentó su obra publicada por el Colegio de Postgraduados (COLPOS): El Chile Silvestre: Ecología, Evolución y Genética.

La obra –un referente para agronomía, biotecnología e ingeniería agrícola– explica con detalle la importancia del chile silvestre en México, su variabilidad genética y su papel en la domesticación. Y, sobre todo, subraya algo esencial: conservar las poblaciones silvestres es clave para el futuro agrícola del país.

EL CHILE SILVESTRE: EL ANCESTRO

El doctor Hernández aclara un punto que suele confun-dirse: “chile silvestre” no es sinónimo de “chiltepín”. Entre los “chiles silvestres” están las poblaciones naturales de Capsicum annuum var. glabriusculum distribuidas en México: chiles pequeños, redondos, sumamente picantes, que crecen en matorrales, laderas y zonas semiáridas desde Sonora y Sinaloa hasta Colima, Oaxaca y la Huasteca.

En muchas regiones reciben distintos nombres: chile de monte, chile del campo, chile de tecolote, chilito, etc. El chiltepín es uno de estos tipos, particularmente emblemático del noroeste, pero no el único.

«Todas las poblaciones silvestres pertenecen a la misma variedad, pero no todas se llaman chiltepines; México es más diverso de lo que pensamos», señaló el investigador.

Esta diversidad genética –resistencia a enfermedades, tolerancia a sequía, variaciones en picor y forma– es el tesoro oculto del chile mexicano.

MÉXICO, CUNA DEL CHILE

Hernández Verdugo explicó que el chile fue domesticado en México hace unos ocho milenios, junto con maíz, calabaza y frijol. No solo es parte de la dieta: es parte del sistema agrícola que dio origen a la civilización mesoamericana.

Por eso el chile silvestre es la pieza genética que explica la evolución de los chiles comerciales. «Sin conservar las poblaciones silvestres, perdemos la posibilidad de mejorar los cultivos del futuro», enfatizó.

En la conversación, el académico insistió en recuperar la milpa, ese sistema que combina maíz, frijol, calabaza y chile: regula microclimas, mejora la fertilidad del suelo, y reduce naturalmente la presión de plagas, gracias a la diversidad de aromas, alturas y fenologías.

BIODIVERSIDAD Y TECNOLOGÍA

El libro del doctor Hernández recopila análisis moleculares, estudios de poblaciones silvestres y cultivadas, variación genética por regiones, mecanismos de germinación, e incluso resistencia natural a virus como «El Huasteco», ahora conocido como «Virus Huasteco de la Vena Amarilla del Chile (PHYVV)».

Para la horticultura moderna, esto es oro puro. El chile silvestre aporta tolerancia, resiliencia y variación genética, justo en tiempos en que los productores enfrentan, dice, para añadir: Hay sequías más largas, plagas emergentes, suelos degradados, y volatilidad comercial.

CULTIVO ESTRATÉGICO DE MÉXICO

El chile no es solo identidad: es producción, empleo y exportación. México produce –según cifras de la propia SADER– más de 3.3 millones de toneladas de chiles y pimientos, con Jalisco, Chihuahua, Sinaloa y Zacatecas entre los líderes. Los principales cultivares comerciales –jalapeño, serrano, poblano, ancho y los pimientos morrón– provienen de esta misma línea evolutiva, y su mejora genética sigue dependiendo del material silvestre.

ACTUALMENTE el equipo de investigación estudia los carotenoides en los chiles poblano, pasilla y habanero.
ACTUALMENTE el equipo de investigación estudia los carotenoides en los chiles poblano, pasilla y habanero.

«Sin visión de largo plazo, perderemos nuestras poblaciones naturales; con ellas, perderíamos parte del alma agrícola de México», advirtió Hernández…

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