El cambio climático y la generación excesiva de gases de efecto invernadero, da lugar a la creación de huertos de aguacate certificado como orgánico y de agricultura regenerativa
Por Yanmei King Loeza | Q/Apeajal
Ante la exigencia del consumidor de alimentos más sanos y ante el cambio climático por el incremento de gases de efecto invernadero (GEI), los productores de aguacate de Jalisco, segundo productor nacional, surge el primer huerto certificada de aguacate orgánico y primero certificado en agricultura regenerativa del país, con aguacate sano orgullosamente jalisciense.
Aunque hay otros huertos orgánicos en el país, este es el primero certificado, ubicado en el sur de Jalisco y propiedad de Don Jesús Chávez Álvarez, quien junto con su hijo Jesús Chávez Contreras, lideran la producción orgánica de aguacate jalisciense en México, logro que no ha sido fácil.
El cambio climático representa un desafío para la producción agrícola, afectando especialmente al sector aguacatero, ya que según la FAO, los extremos en los patrones climáticos han obligado a detener la producción en algunas regiones, mientras que en otras, la incidencia de plagas amenaza su sostenibilidad.
MENOS GEI
La agricultura contribuye significativamente a la emisión de gases de efecto invernadero (GEI), que en México, representa el 19 % de las emisiones, con un 17% derivado del manejo del suelo, sumado a que el uso de fertilizantes minerales ricos en nitrógeno genera compuestos como óxido nitroso y amoniaco, acelerando el impacto ambiental.
México es el líder mundial en producción de aguacate, con Michoacán y Jalisco como principales productores, pues Jalisco aporta 15 % del aguacate exportado, principalmente a Estados Unidos, consolidando su presencia en el mercado internacional, aunque ya surgen otras entidades productoras que deben virar hacia la producción sustentable.
Para disminuir la huella ambiental, en Jalisco, el sector adopta estrategias como manejo de plagas, optimización del riego, uso de cubiertas vegetales y fertilizantes orgánicos. La agricultura regenerativa, impulsada por la Comisión Europea, busca capturar carbono en el suelo y reducir la huella ambiental.
AGUACATE JALISCO
La entidad jalisciense ha evolucionado de cultivo experimental a producción intensiva con densidades de más de 400 árboles por hectárea y rendimientos de 13 toneladas por hectárea, pero la sequía de 2024 redujo la producción hasta un 20%, lo que ha impulsado la búsqueda de modelos más sostenibles.
Algunos productores han optado por agricultura orgánica y regenerativa, destinando 10% de sus huertos a conservación, entre ellos, Jesús Chávez Álvarez y su hijo Jesús Chávez Contreras, líderes en producción orgánica en Jalisco.
Don Jesús Álvarez relata que hace 20 años inició con el huerto orgánico, «el primer año no fue difícil, pero el segundo y tercero fueron duros. Cuando tocas fondo, ya no puedes ir más abajo», reflexiona Jesús Chávez: «Busqué información, pero no estaba preparado. Primero lo resiente uno, luego el bolsillo y los árboles».
Pocos productores han mantenido el modelo orgánico en Jalisco, pero la familia Chávez perseveró: «Estuve a punto de abandonar, no tenía producción, había plagas y los comentarios eran nefastos. En aquel tiempo no existía la tecnología de hoy».
A pesar de los desafíos, la experiencia ha sido reveladora: «Uno tiene que descifrar qué funciona en su entorno. No se trata solo de cambiar insumos, sino de comprender el manejo agronómico».

El primer huerto orgánico certificado de México y primero certificado en agricultura regenerativa está en el sur de Jalisco, propiedad de Don Jesús Chávez Álvarez, quien junto con su hijo Jesús Chávez Contreras, ya son líderes nacionales en producción de aguacate sustentable, para quienes no ha sido fácil este logro.
RECURSOS OPTIMIZADOS
Su huerta refleja esta filosofía, con áreas para abejas, zonas amortiguadoras y corredores biológicos que optimizan los recursos y reducen la contaminación cruzada: «Me costó económicamente y emocionalmente, pero hay algo invaluable: es una forma de hacer patria», afirma Chávez. «Siempre pensamos que lo extranjero es mejor, pero ahora la economía se queda en la comunidad».
Su iniciativa ha generado empleo local, evitando que la gente busque otros medios de subsistencia. «Apoyamos a la comunidad y reducimos el impacto social. Cuando la economía es local, la gente no tiene que buscar alternativas desesperadas», concluye pensativo.
LA ESTRATEGIA
«Adquirir materia prima local para incentivar la economía, procurar dar trabajo a la gente local, capacitación para hacer productos que nos sean funcionales y rodearnos de un equipo que nos puede apoyar con todas las personas alrededor», explica.
«Hay que aprovechar la tecnología y los laboratorios, por que nos vamos con la idea de que tenemos un buen producto y puede que no».
Recorremos el huerto y nos encontramos con árboles saludables, con cobertura para retener la humedad y su hijo nos comenta que ellos hacen sus propios fertilizantes orgánicos a partir de lixiviados de lombriz para intentar alcanzar la autosuficiencia.
«Debe ser más barato si lo hacemos bien, por que si es sólo un cambio de insumos es más caro, no podemos hacer todo, no somos totalmente autosuficientes, pero buscamos lo más cercano para serlo», comenta Don Jesús y añade:
«Hacemos lombricompostas, usamos los lixiviados y cócteles de microorganismos para enriquecer los suelos, pero más que aplicar fertilizantes, es agregar quién los descomponga, por que muchas veces tenemos minerales conglomerados no asimilables y le ponemos cócteles para que los “bichitos” lo vayan descomponiendo y dejándolo disponible para la planta».
HUERTA ORGÁNICA
Nuestra visita coincidió con el anuncio de que su huerta sería la primera huerta mexicana con certificado orgánico y certificado en agricultura regenerativa, resultado de años de esfuerzo de la familia Chávez.
«Llevaba 12 años trabajando con biodinámica y empezamos a hacerlo sin saber que existía, por ir más allá con algo de conciencia; la biodinámica es más que una certificación, es un estilo de vida, que tienes que vivir los conceptos y trabajarlos…».
«Aquí tengo mi fruta y la puedes comer sin ningún pendiente», señala, mencionando con orgullo que en los 20 años que llevan produciendo de forma orgánica, no han tenido incidentes de intoxicación de los trabajadores.
«Nunca he tenido un trabajador intoxicado, no hay un punto de comparación, me siento diferente y muy contento y la gente que trabaja aquí y el consumidor deben estar felices de comer algo sano», dice mientras visitamos las diferentes áreas de la huerta, que aún con productos orgánicos, cuenta con la debida señalización.
Y es que parte de tener una industria sustentable implica relacionar a los trabajadores con el proceso de producción, procurando que tengan una vida digna, así como condiciones de trabajo seguras.

COMPROMISO AMBIENTAL
«Tenemos certificación de Japón orgánico, de EE. UU. y la Ley de Productos Orgánicos de México», explica Jesús. «Fuimos los primeros con certificación orgánica regenerativa y cumplimos con Spring, Global Gap, SMETA, GRASP, DEMETER y orgánico».
La reducción de GEI es clave: maquinaria eléctrica, vehículos híbridos, energía solar y coberturas verdes. «No usamos fertilizantes ni pesticidas, ni inhibidores de crecimiento. Aprovechamos las malezas y hacemos corredores biológicos».
EL RENDIMIENTO
«En lo orgánico vendo todo, desde canicas hasta aguacates de 500 gramos al mismo precio. Si lo haces bien, sin contaminar ni enfermar, es una diferencia enorme», comenta Jesús Chávez.
Más allá del volumen de producción, propone otra visión: «Invito a que lo vean como volumen de aprovechamiento, que al final impacta en el bolsillo».
El conocimiento agronómico es clave: «Los árboles me dicen lo que necesitan. Aprendo, pruebo lo que funciona» y concluye: «Todo está conectado. Lo que hacemos repercute en el entorno y aunque la industria quiera separarnos, dependemos unos de otros».
EL PROCESO
Para conocer cómo se certifican los productos orgánicos, hablamos con Gabriel García, de Bioagricert: «Todos los productos orgánicos deben certificarse según la ley, incluso las empresas exportadoras».
La certificación agrega valor al producto. «En agricultura orgánica, el control de plagas y enfermedades debe ser por métodos naturales, como rotación de cultivos y podas, con una lista de sustancias permitidas cuando sea necesario».
Tres elementos están prohibidos: residuos de lodos depurados, fosas sépticas, radiaciones ionizantes y organismos genéticamente modificados. Se pueden usar productos naturales, y los sintéticos deben estar en un listado aprobado.
Las empacadoras en Jalisco y Michoacán garantizan trazabilidad y manejo orgánico sin contaminación cruzada. A pesar de los retos, muchos productores optan por esta vía: «Lo hacen por convicción, evitan agroquímicos y cuidan su salud», ayudando a reducir GEI.
Este modelo impulsa la bioeconomía, regenerando suelos y biodiversidad con menor uso de fertilizantes inorgánicos y plaguicidas. «Debe darse mayor valor a estos productos y fomentar su adopción para que más huertas obtengan certificación orgánica y regenerativa».

