Por Andrés Canales Leaño

Un tema preocupante para nuestro sector es, sin temor a dudarlo, el desenlace que tendrá la controversia suscitada por los señalamientos de Canadá y Estados Unidos de posibles violaciones al acuerdo comercial trilateral T-MEC en el tema energético por parte de México y sus repercusiones comerciales en la producción y exportación de agroalimentos mexicanos.

El comercio entre Estados Unidos y México es uno de los más relevantes del mundo, pues este año alcanza 384 mil millones de dólares y precisamente el componente agroalimentario mexicano representa más de 40 mil millones de dólares anuales para el país en agroaexportaciones, que tienen qué ver con el trabajo de una parte importante de la población.

Sin embargo, si no hay arreglo entre México y Estados Unidos o si nuestro país pierde la controversia comercial en su desenlace, el afectado podría ser el campo mexicano, al recibir sanciones nuestras exportaciones estrella como el aguacate, berries y tomate, entre otras.

Los analistas económicos consideran que en total nuestra nación recibiría en aranceles de 10 mil a 30 mil millones de dólares de perder la disputa comercial, lo cual, sin ser catastrofistas, sería devastador para el campo, pero el presidente ha señalado que no existen violaciones al T-MEC de parte de su administración, aunque Estados Unidos y Canadá señalan lo contrario.

Incluso antes de su informe del 1º de septiembre, el Presidente afirmó que envió una carta a Biden y que precisamente le respondió: «El comercio bilateral en bienes entre Estados Unidos y México ha alcanzado los 384 mil millones de dólares este año, sobrepasando los niveles prepandemia para alcanzar un récord histórico».

«Le reitero mi más profundo respeto a Usted y por la independencia y soberanía de México. Espero que sigamos en contacto. Espero con agrado volverlo a ver», escribió Biden a AMLO, según trascendió por diversos medios.

El jefe del Ejecutivo federal explicó que, tras recibir la carta del presidente estadounidense, Joe Biden, donde le reiteró, entre otros casos, el respeto a la soberanía de México, consideró inconveniente hacer un posicionamiento sobre este tema en el desfile del 16 de septiembre, como lo había adelantado.

A fines de agosto el senador Ricardo Monreal ya se había reunido con Christopher Murphy, congresista estadounidense; Timothy Dumas, representante del embajador de Estados Unidos en México y Brian Naranjo, ministro consejero de Asuntos Políticos, ante quienes apuntó que «no existe interés de poner en riesgo el T-MEC, pese a las diferencias de ideología política en el Congreso de la Unión» y propuso privilegiar el diálogo para superar los retos comunes en energía, seguridad nacional, fortalecimiento comercial y migración.

Para Monreal, el marco legal permitirá resolver de manera positiva el diferendo, pues los equipos técnicos tienen 75 días para llegar a acuerdos con fecha límite a octubre para lograrlo o de lo contrario iniciaría el proceso de consultas para emitir una resolución hasta mayo de 2023.

Más allá de las palabras, el entendimiento entre las dos naciones parece que gana la batalla, al menos en agosto y septiembre, pues hay que recordar que Estados Unidos tiene un año electoral en el que renuevan un tercio del Senado y la totalidad de la Cámara de Representantes.

El tema de la controversia con México tendrá una espera anunciada hasta diciembre, cuando declaren a los ganadores y por lo pronto ni Biden ni su equipo cercano promoverán el descontento entre los latinos con temas como una controversia con México porque requieren de su voto en estados clave como Florida.

Sin embargo, la amenaza a las agroexportaciones mexicanas por el tema energético violatorio del T-MEC no tiene punto final, sino un compás de espera y muchos temen que, como ya ha ocurrido en el pasado, quien pagaría los platos rotos de encontrarse culpable a México por violaciones al acuerdo comercial serían los productos agropecuarios mexicanos de exportación, el eslabón que los economistas consideran el más sensible para la economía mexicana, sin descontar la rama agroindustrial.

Ya lo he manifestado en diversas ocasiones: El campo no tiene que contaminarse con la política porque no es moneda de cambio ni para Estados Unidos ni para México, pues es un sector fuerte, con crecimiento del 3% promedio y gran generador de bienestar en nuestro país, por lo que reiteramos que es necesario dejar al campo fuera de esta disputa político-comercial y por ello pedimos que prive la cordura entre nuestros gobernantes y la parte estadounidense, por el bien de nuestra querida patria y del mercado común entre ambas naciones.

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Revista Marzo 2026

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