Responsabilidad social: mientras tengan miedo

2
46
Responsabilidad social
Responsabilidad social

Por Luis Alberto Cruz García

La película Cesar Chavez (Estados Unidos, 2014, y sin acentos por ser nombre en inglés) narra la biografía del extraordinario luchador social estadounidense, que encabezó el movimiento de los trabajadores agrícolas del vecino del norte contra la brutalidad, racismo, discriminación y maltrato de los patrones y administradores de esos campos. Y uno quisiera que esos personajes existieran en nuestro zarandeado país, pero no. Por ahora.

Si bien el personaje puede resultar controversial porque en su lucha pasó a perjudicar a migrantes mexicanos, en su mayoría ilegales, logró que más de 50 mil trabajadores del campo se levantaran en una auténtica revolución no violenta. Sus acciones, inspiradas por Gandhi, consistieron en bloqueos, boicots, huelgas laborales y huelgas de hambre incluso para detener las acciones violentas o la disidencia dentro de su movimiento. “No se trata de uvas o lechugas, se trata de la gente” expresa el personaje al cuestionarle sus motivos.

Los empresarios conscientes y responsables han echado mano del concepto de “Responsabilidad Social Corporativa” para demostrar el cumplimiento a las necesidades de sus empleados. Este concepto es casi tan viejo como la calidad. Nace durante la revolución industrial de principios del siglo pasado y parte de la buena voluntad de los empresarios hacia la sociedad que los rodea: accionistas, empleados, proveedores, clientes, vecinos y sectores de la sociedad con cierto rezago o marginación. En 1953, Howard R. Bowen es el primero que la separa de la filantropía y le pone nombre al niño al compilar el concepto en su libro “Social Responsibility of the Business Men”, aunque algunos se mofan del escritor porque nunca consideró a las mujeres de negocios.

Por su parte, Keith Davis en los 60’s plantea que el concepto se ve limitado si no se toman en cuenta, al menos parcialmente, los intereses directos técnicos y económicos de las empresas, es decir, no hay responsabilidad social si ésta no se paga de las acciones que se realicen. Clarence Walton es quien le pone el cascabel al gato y reta: los altos directivos de las empresas son los responsables de su adopción e implementación. En los 80’s otros autores hacen patente la necesidad de darle un nivel de reconocimiento y que exista un marco interno: lo laboral, y un marco externo: lo filantrópico. Y en los 90’s el concepto se vuelve global y nacen las infaltables certificaciones en la materia.

A la par de los “american boys” y del mundo desarrollado, la Confederación Patronal Mexicana, COPARMEX, inicia en los años 60 su proceso de “responsabilidad social” muy alineado a crear fundaciones que beneficiaran –-principalmente-– a ellos mismos. Claro, es la versión nacional de la filantropía que como todos sabemos aplica el ya clásico: “nadie da paso sin huarache”. ¿Qué hay de malo en ello si finalmente es su dinero? Pues parece que nada, pero como notaremos más adelante, la responsabilidad social mal administrada es peor que el no adoptarla por completo.

A partir de ahí, en México el tema no es muy abundante. Algunos esfuerzos importantes se han hecho pero poco ha trascendido en el marco de la empresa agroalimentaria. Esfuerzos como los del Centro Mexicano para la Filantropía y su esquema de reconocimiento llamado Empresa Socialmente Responsable (ERS) es lo más visible. En el marco de los sistemas de gestión, Global GAP y SQF son los únicos que han abordado seriamente el tema. ISO 26000 todavía tiene un trecho por recorrer.

¿Y qué es pues la responsabilidad social corporativa? No hay una definición absoluta pero se ha explicado como el comportamiento voluntario que adoptan las empresas que contribuye al desarrollo de las personas y sociedad que las rodea, mejorando la calidad de vida y que redunda a largo plazo en beneficios económicos para la misma (Bonilla-Villarreal, 2009). Esto nos obliga a hacer una reflexión. El concepto analizado habla de un enfoque voluntario. Es decir, uno hace su voluntad, siempre después de hacer lo obligatorio. ¿Cierto? Y lo obligatorio es lo que dice la ley. ¿Cuál ley?

En México y en muchos países el tema de responsabilidad social empresarial corresponde a la Secretaría de Trabajo y Previsión Social y a la Ley Federal del Trabajo. ¿Por qué a esta? Porque la responsabilidad social busca mejorar la calidad de vida de las personas que rodean a la empresa y la LFT implica una mejoría en la calidad de vida de las personas que laboran en la empresa. Para ello la LFT se apoya en 44 normas oficiales mexicanas (5 más en proyecto) que tienen un impacto directo en el tema.

¿Y si estamos bien normados y regulados, cuál es el problema? Bueno, que amén de los múltiples compromisos que se adoptan, el primero y más importante, es el respetar al trabajador de nuestras empresas. Y como se ha documentado cientos de veces en artículos y documentales, unos más serios que otros, esta no es la constante en el sector agroalimentario. La revolución mexicana nace por esos motivos. La lucha de Cesar Chavez en Estados Unidos tuvo las mismas razones.

INEGI dice que el sector alimentario en México tiene registrados más de 381 mil trabajadores en el seguro social. Se estima que más del doble no figuran en esa estadística, haciendo evidente que el autoempleo o el sector campesino no cuentan. Proveer seguridad social es el mínimo referente que la LFT exige a las empresas del sector. Y sin embargo, esto no sucede. ¿Por qué?

Escuchando por aquí y por allá distintas versiones, la razón principal es el costo de cumplir la ley. Ciertamente, uno de los oficios más antiguos del mundo es la explotación del ser humano. La esclavitud, prohibida en todo el mundo y practicada por todo el mundo, es una de las formas más antiguas y más rentables de la sociedad, y la explotación laboral agrícola es la metástasis de una enfermedad evidente. Empleados no registrados, accidentes que no se reportan, maltrato laboral, discriminación, mano de obra infantil, compras obligadas en modernas tiendas de raya, mala alimentación, falta de servicios higiénicos, carencia de medidas de seguridad laboral. Todo ello está en la ley. Todo ello no se cumple.

¿Que exige GlobalGAP? derecho a libre asociación, manejo de quejas de empleados, derechos humanos, higiene y seguridad, contratos laborales, salarios y pago, salarios mínimos, empleo infantil, educación y alimentación para hijos de empleados en campos, alojamiento digno, horarios de trabajo, pago de horas extras, recesos y descansos, alimentación de empleados, gestión de beneficios sociales. SQF va más allá. Exige el compromiso de la gerencia, acciones de directivos, políticas, capacitación, supervisión a proveedores y contratistas, evitar discriminación y acoso, acceso equitativo, prestaciones laborales, impedir trabajos forzados, manejo de incidentes y emergencias, investigación y auditoría interna.

Y qué curioso. Lo que exigen esquemas como SQF y Global GAP es que las empresas de alimentos demuestren que cumplen con la ley laboral. Nada más. Lo filantrópico depende de cada empresa. Si quieren salir con su “chequesote” en la tele en horario familiar, ya es cosa de publicidad.

Y la responsabilidad social ayuda en dos formas: la elemental: es la ley y su cumplimiento es obligatorio. La segunda, porque una evaluación independiente como GlobalGAP o SQF sustituyen el trabajo del gobierno y dan certeza a los dueños, directivos, clientes y proveedores que las empresas han adoptado ese compromiso de fondo.

No hacerlo tiene un costo económico y social. El segundo ya lo platicamos. El primero es fundamental porque los compradores de alimentos prefieren empresas que cumplen la ley. No hacerlo nos expone como país, industria y sector tal y como lo hicieron los excelentes recientes reportajes de Los Ángeles Times. Fue destacable la falta de compromiso de las empresas y empresarios mexicanos exhibidos, la desvergüenza de los directivos al decir que no sabían lo que pasa en sus empresas. Es tanto como decir que no saben si se usan plaguicidas prohibidos o si el agua que usan en sus riegos es contaminada. No puede ser que no sepan.

No es necesario anticipar el final de la película porque la historia se escribió mucho antes de la filmación. “No se puede oprimir a aquellos que ya no tienen miedo”, dijo Cesar Chavez enfrente de miles de trabajadores del campo. Mientras los trabajadores explotados sigan teniendo miedo y no se organicen, los explotadores tendrán ventaja. Pero un día habrá de verse el cambio y más vale que lo promuevan los agro-empresarios. No le tengamos miedo.

2 COMENTARIOS

  1. Gracias, Luis Alberto Cruz, por esta breve pero sustanciosa reflexión.
    En algún sentido, una bofetada con guante blanco para los patrones -que se asumen, no lo dudo, como dueños- de los compañeros del Valle de San Quintín recién alzados y recién encarcelados en el norte del país. Necesaria también la reflexión cuando sale a la luz en estos días la demana que interpone Exploraciones Oceánicas contra el periodista Carlos Ibarra Meza que les denunció -con investigación, es decir, periodísticamente- por sus más de 350 perforaciones ILEGALES en el Golfo de Ulloa.
    No sobrará hacerse la pregunta, de si en este régimen económico y político, ¿es de verdad la justicia ciega, o ha recibido ya, a través de obras corporativas de filantropía, un conveniente transplante de córneas?

    Saludos desde Morelia, excelente domingo.

    Erick Guerrero,
    Central Campesina Cardenista – Michoacán.

  2. Erick, gracias por tus comentarios. Si nos atenemos a la respuesta de las autoridades estatales en el tema de San Quintín, creo que es claro que no entienden el problema y sus prioridades son los vegetales. Saludos!

DEJAR RESPUESTA

Favor de ingresar su comentario
Favor de ingresar su nombre aquí