Regulaciones de Alimentos: No lo tomes personal

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Por Luis Alberto Cruz García

Cuando hablo del tema de las regulaciones que rodean al mundo de la producción y manufactura de alimentos, siempre me imagino a los empresarios de este sacrosanto sector iniciando cándidamente sus aventuras de negocios con la inocencia de una desempleada madre soltera de 33 años llamada Erin Brockovich. “Yo solo quiero ser una buena madre, una persona agradable, una ciudadana decente. Solo quiero cuidar de mis hijos, ¿sabe usted?” –decía la señora Brockovich. Igual que los empresarios solo quieren producir alimentos, crear empleos, generar riqueza y cuidar a su prole. ¡Ah, pero que ingenuos son!

La homónima película de su vida (Erin Brockovich: una mujer audaz, EUA, 2000) relata las peripecias de una señora que cansada de ser decepcionada por el trabajo de sus abogados, decide hacerse de un empleo en la oficina de quien atendió su última causa perdida, sin saber que sería el preludio de uno de los casos más emblemáticos en la justicia colectiva en los Estados Unidos y en el mundo. Su falta de conocimiento del entorno legal que rodeaba el consumo de agua potable hizo que, en lugar de enconcharse y dejar las cosas como estaban, empezara a cuestionarse por qué una empresa de la localidad debería dejar que los mantos freáticos se contaminaran con sus desechos, que las personas se enfermaran y que nadie hiciera nada.

Sin embargo, no todos los empresarios del sector de alimentos –productores y fabricantes– tienen el impulso de la heroína en ciernes. Haciendo una encuesta en un seminario celebrado el año 2014 con 70 productores y fabricantes de alimentos en Puebla, pregunté cuántos conocían la norma 251 de la Secretaría de Salud. Uno levantó la mano. Cuando les pregunté quienes podían asegurar que cumplían las regulaciones nacionales aplicables –como parece obvio– nadie levantó la mano.

Y no es que el tema sea complicado pero no es fácil. Sobre todo porque los mexicanos tenemos grabado en nuestro ADN que todo tema legal se puede resolver “de otra forma”. ¿Será cierto? Cuenta la leyenda que cuando Cortés interrogaba sobre el tesoro a Cuauhtémoc, mandó traer un traductor. El monarca azteca revela al traductor el sitio del tesoro, y éste, volteando a ver al conquistador le espeta: “Pues dice mi rey que aunque le quemen los pies, no les va a decir nada, y con su venia, tengo que ir urgentemente a Cacahuamilpa a ver a un tío que está enfermo”.

Desmenucemos el asunto. Tenemos un marco general que se llama Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Este manoseado documento refleja dos principios fundamentales: la obligatoriedad de su cumplimiento y de los documentos que de ella deriven (artículo 133), y que a ninguna persona se le puede impedir la realización de una empresa lícita (artículo 5). Ambos conceptos deben quedar claros para todos.

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