Certificaciones: Espero explicar mi punto de vista

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¿CUÁNTAS certificaciones mexicanas de inocuidad hacen falta?
¿CUÁNTAS certificaciones mexicanas de inocuidad hacen falta?

Luis Alberto Cruz García

“¡Quién habría pensado que un asesino me entendería mejor! He soportado las críticas sin fin. Nadie ha comprendido nunca lo que he estado tratando de hacer. Y sin embargo, un hombre al que apenas conocí, fue capaz de ver claramente lo que está verdaderamente en mi corazón.”

Con estas palabras el Rey de Qin, históricamente reconocido como Qin Shi Huang, primer emperador de China, explica en la película Hero (Héroe, 2002) su deseo por unificar siete reinados dedicados a hacerse pedazos unos con otros. Esto le había costado a la actualmente poderosa República Popular China vidas y desarrollo, y Qin fue capaz de unificar los 7 reinos mediante la ortodoxa práctica de empapar sus ideales en la sangre de sus enemigos.

Menos dramático, mi corazón dice que algo parecido podría pasar, desearía que pasara y va a pasar en el caso de las certificaciones mexicanas en materia de inocuidad de alimentos. Permítame explicarle:

Por muchos años, el gobierno mexicano y su industria de alimentos hemos seguido las iniciativas mundiales en el tema de inocuidad. Y cuando me refiero al verbo “seguir”, uso su primera acepción según la Real Academia de la Lengua: ir después o detrás de alguien. Siempre hemos utilizado los modelos y ejemplos mundiales para justificar nuestras retrasadas y poca innovadoras invenciones: como los franceses tienen un Label Rouge, necesitamos un sello rojo; como los americanos tienen un USDA Choice, necesitamos una calidad selecta.

Pero por invenciones no paramos. En la industria de hoteles y restaurantes les pareció divertido usar recursos de la Secretaría de Turismo (¡es en serio!) para crear un programa de inocuidad de alimentos al que nominaron Distintivo H y el recién llamado Punto Limpio. Los dueños de rastros y empacadoras de productos cárnicos aprovecharon las exigencias del gobierno de Estados Unidos y coadyuvaron en la creación del Sistema Tipo Inspección Federal (TIF). El Servicio Nacional de Inocuidad, Sanidad y Calidad Agroalimentaria (mejor abreviado como SENASICA) propuso e impulsó su Sistema de Reducción de Riesgos de Contaminación, impronunciablemente conocido como SRRS. Y sígase de frente: Los productores de frutas y hortalizas, apoyados por ciertos sectores primarios y procesadores de alimentos impulsaron un esquema de promoción comercial, que después se convirtió en un esquema de especificaciones de calidad al que le colgaron la responsabilidad de la inocuidad: México Calidad Selecta, que después se convirtió en Suprema.

Algunos gobiernos estatales han caído en garlitos y se han dejado convencer por promotores de marcas para crear efímeros programas de inocuidad estatal. ALAS en Coahuila, Calidad Sonora ya sabe usted dónde, Ah-Kim-Pech promovido por una diputada en Campeche, y cosas así. Espero que no veamos nunca iniciativas municipales o ejidales. No le agregue las iniciativas del sector privado que salen por aquí y por allá y que buscan el apoyo, principalmente presupuestal, para demostrar su eficacia y fortaleza, sin ponerse a pensar en el evidente conflicto de interés que representan.

Explicablemente, la Comisión Federal de Protección de Riesgos Sanitarios de la Secretaría de Salud (COFEPRIS, pues) se ha mantenido un tanto al margen de esta progenie de iniciativas certificadoras. En el mismo tenor que sus contrapartes norteamericanas – el FDA y la CFIA – que no cuentan con certificaciones, sellos y marcas que “garanticen” la inocuidad de alimentos, por la sencilla razón de que esa garantía es imposible. O mejor dicho ¿por qué cree usted que las empresas deben contar con programas de rastreabilidad y de retiro y recuperación de sus productos del mercado? Claro, por si algún día las cosas salen mal. Y créame, un día saldrán mal.

El caso es que todos estos esfuerzos no solamente son nada entretenidos (excepto para sus creadores o proponentes y por supuesto para sus proveedores o contratistas) sino que además son bastante caros. Por ejemplo, según fuentes y medios oficiales, para el año 2014 el programa TIF tuvo a disposición 450 millones de pesos; el SRRC sus 180 millones de pesos; México Calidad Suprema algo así como 57 millones de pesos, aunque de éste solo una fracción se dedica a la certificación de inocuidad. Si alguien se sabe el presupuesto anual del Distintivo H y el Punto Limpio favor de sumarlos, ya que es el secreto mejor guardado de la Secretaría de Turismo. Y faltan los esfuerzos estatales, algunos ya sepultados por la burócrata rendición de cuentas.

¿Y por qué digo que son caros? Porque en comparación, supe que una certificación reconocida por la Iniciativa Global de Inocuidad de Alimentos (GFSI) que aplique en todos los sectores y componentes de la cadena del campo a la mesa tiene un presupuesto anual de operación de $67 millones de pesos aproximadamente. Y las certificaciones reconocidas por GFSI tienen un impacto muy superior en la credibilidad y confianza en la industria mundial de alimentos y sus gobiernos.

Luego entonces, igual que el rey de la oriental película de referencia, una, y solo una certificación mexicana de inocuidad debería tomar la iniciativa y sumar, integrar, liquidar y absorber al resto con la finalidad de consolidar un solo esfuerzo. En el Foro Nacional para el Reordenamiento de los Mercados auspiciado por la Secretaría de Agricultura, algunos ponentes clamaron por la necesidad de integrar todos los esfuerzos de promoción en uno solo. ¿Cuánto nos ahorraríamos en recursos? En ese sentido, imagínese si todos los expertos y técnicos de los múltiples programas de inocuidad mexicanos se dedicaran a fortalecer y darle credibilidad, reconocimiento y solidez a un solo programa que represente a toda la cadena productiva de todos los sectores de alimentos.

Un estándar mexicano de ese nivel, con ese soporte y con ese presupuesto podría aspirar a ser reconocido a nivel global, a ser equivalente a los esquemas reconocidos por GFSI, a ser adoptado por la industria mundial de alimentos y a poder satisfacer las necesidades regulatorias de nuestro país de origen. Algún dinero sobrante se podría destinar a actualizar nuestro marco legal en inocuidad que no se moderniza desde el año 2009 en alimentos procesados y desde 2001 en el sector primario. Estados Unidos lo hizo hace dos años, Canadá el año pasado. ¿Y nosotros, cuándo?

“El bienestar de unos no debe prevalecer sobre el bienestar de muchos” dice el Rey de Qin. El héroe sin nombre encargado de matarlo entiende en el último segundo que de liquidar al rey, las guerras entre los siete reinos serán interminables, ya que solo el Rey de Qin tiene la fuerza necesaria para acabar con la innecesaria división. Aceptemos que muchos viven del presupuesto certificador de inocuidad. El bienestar de las certificaciones mexicanas en lo individual no debe prevalecer sobre el bienestar de una industria nacional de alimentos que se regocijaría de tener una sola certificación fuerte, creíble, sólida. “El dolor de uno no es nada comparado con el dolor de muchos” parece decirnos el Rey de Qin, y uso esa frase para proponer la desaparición de todas las certificaciones mexicanas y dar paso a una sola. Al igual que el Rey de Qin, espero ser capaz de expresar claramente la razón de este punto de vista.

@lcruzg01

1 COMENTARIO

  1. Luis Alberto, si todo esos presupuestos mejor se dedicaran al campo, vía investigacion para mejorar los cultivos y realmente apoyar a los productores que si trabajan y generan desde sus plantaciones seria otra cosa, además te quedas corto en cuanto a costos de certificaciones, falta hablar de las de productos orgánicos, yo tuve la oportunidad de ser de los primeros a principios de los noventa y nos tiraban a locos, y menos si hablábamos de los cambios en el clima, que ahora muy de moda le llaman cambio climático, y actualmente hay infinidad de sellos que algunos son patrocinados por gobierno federal o de los Estados y ya cualquiera produce producto orgánico
    Lo que ha abaratado ese nicho de mercado que fue hace años. Es muy lamentable que quienes estén en las cúpulas de secretarias del campo y otras realmente no conozcan del campo y su realidad. Saludos

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